Celebraciones importantes en el mes de Enero del 2019

 

MARTES 1

Santa María , Madre de Dios

SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS. El Santo Padre Francisco, en su Homilía del 1 de enero de 2018, señaló: "El año se abre en el nombre de la Madre de Dios. Madre de Dios es el título más importante de la Virgen. Pero nos podemos plantear una cuestión: ¿Por qué decimos Madre de Dios y no Madre de Jesús? Algunos en el pasado pidieron limitarse a esto, pero la Iglesia afirmó: María es Madre de Dios. Tenemos que dar gracias porque estas palabras contienen una verdad espléndida sobre Dios y sobre nosotros. Y es que, desde que el Señor se encarnó en María, y por siempre, nuestra humanidad está indefectiblemente unida a él. Ya no existe Dios sin el hombre: la carne que Jesús tomó de su Madre es suya también ahora y lo será para siempre. Decir Madre de Dios nos recuerda esto: Dios se ha hecho cercano con la humanidad como un niño a su madre que lo lleva en el seno [...] La palabra madre (mater) hace referencia también a la palabra materia. En su Madre, el Dios del cielo, el Dios infinito se ha hecho pequeño, se ha hecho materia, para estar no solamente con nosotros, sino también para ser como nosotros. He aquí el milagro, he aquí la novedad: el hombre ya no está solo; ya no es huérfano, sino que es hijo para siempre. El año se abre con esta novedad. Y nosotros la proclamamos diciendo: ¡Madre de Dios!".

 

JUEVES 3

El Santísimo Nombre de Jesús

EL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS, del hebreo, abreviatura de Yeoshúah, es decir Josué (Jesús), "Dios salva", "redentor". Ocho días después de su nacimiento conforme a lo señalado por la Ley mosaica José y María llevaron a su hijo a circuncidar y le pusieron por nombre Jesús. Clemente VII (1523-1534) en 1530 concedió por primera vez a los Franciscanos la celebración del Oficio del Santísimo Nombre de Jesús. Inocencio XIII (1721-1724), la extendió a la Iglesia universal en 1721 estableciendo la fecha del 1 de enero para su conmemoración; con las modificaciones señaladas en 1969 para el Calendario Litúrgico, se trasladó al 3 de enero.

 

 

 

DOMINGO 6

La Epifanía del Señor

LA EPIFANÍA DEL SEÑOR, del griego, epi y faino, "manifestación" (siglo I). Esta solemnidad se inició en el Oriente en el siglo IV y un siglo después pasó a Occidente. El tema de la Epifanía o Adoración de los Reyes Magos se narra en el Evangelio de San Mateo (2, 1-12). Éste es complementado con los Evangelios Apócrifos: Protoevangelio de Santiago XXI, Pseudo Mateo XVI, y el Evangelio árabe de la infancia de Cristo VII. La Adoración de los tres personajes provenientes de Oriente acontece posterior a la adoración que rindieron los pastores al Niño Jesús. Los exégetas han interpretado a la primera como la manifestación de Dios al pueblo de Israel. La segunda simboliza la epifanía del Señor al resto de la humanidad, que no forma parte del llamado pueblo elegido, pero que si comparte la salvación traída por Jesús. Cabe citar que no hay fecha exacta que determine el periodo transcurrido entre los dos acontecimientos. Respecto a los tres coprotagonistas de este hecho se les identifica como "magos". Entre los persas, babilonios y gran parte de los pueblos que habitaban Oriente, los magos formaban parte de la casta sacerdotal quienes estudiaban las ciencias, en particular la astronomía. La palabra mago —mogh en el pehvi, lengua de los persas—, significa sacerdote. A los tres sabios la Tradición les otorgó un nivel de realeza, de ahí que se les nombre como Reyes. Este rango les es conferido para que se les identifique con los poderosos de la Tierra quienes reconocen y adoran a Jesús como Dios. Esta interpretación tiene su origen en el Siglo XV, siendo su promotor san Cesáreo de Arlés (27 de agosto). Antes de las reformas al Calendario Litúrgico en 1969 era celebrada el 6 de enero, ahora con el carácter de Solemnidad tiene lugar en el domingo posterior al primero del mismo mes.

 

DOMINGO 13

El Bautismo del Señor

BAUTISMO DEL SEÑOR, del griego, "baño", "inmersión", "lavado" (siglo I). El Bautismo es el sacramento de iniciación que confiere el ingreso a la comunidad cristiana, el perdón de los pecados y el Don de la gracia divina, a quien lo recibe. El evangelista san Marcos (1, 9) narra el bautismo de Jesús por Juan "el Bautista". S. S. Francisco, en el Ángelus, ofrecido con motivo de esta fiesta el 12/1/2014, señala: Cuando Jesús recibió el Bautismo de penitencia de Juan el Bautista, solidarizándose con el pueblo penitente —Él sin pecado y sin necesidad de conversión—, Dios Padre hizo oír su voz desde el cielo: 'Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco' (...) Jesús recibió la aprobación del Padre celestial, que lo envió precisamente para que aceptara compartir nuestra condición, nuestra pobreza. Compartir es el auténtico modo de amar. Jesús no se disocia de nosotros, nos considera hermanos y comparte con nosotros. Así, nos hace hijos, juntamente con Él, de Dios Padre. Esta es la revelación y la fuente del amor auténtico. Y, ¡este es el gran tiempo de la misericordia! ¿No os parece que en nuestro tiempo se necesita un suplemento de fraternidad y de amor? ¿No os parece que todos necesitamos un suplemento de caridad? No esa caridad que se conforma con la ayuda improvisada que no nos involucra, no nos pone en juego, sino la caridad que comparte, que se hace cargo del malestar y del sufrimiento del hermano. ¡Qué buen sabor adquiere la vida cuando dejamos que la inunde el amor de Dios! Pidamos a la Virgen Santa que nos sostenga con su intercesión en nuestro compromiso de seguir a Cristo por el camino de la fe y de la caridad, la senda trazada por nuestro Bautismo".
Este día, después del rezo de las Completas, termina el tiempo de Navidad y comienza la primera parte del Tiempo Ordinario.

 

JUEVES 24

Nuestra Señora Reina de la Paz

NUESTRA SEÑORA REINA DE LA PAZ, del latín, pax, "paz, pacto, convención". El nombre y advocación de Nuestra Señora de la Paz, nace cuando —en un día como hoy de 1085—, por intercesión de María Santísima se logró conjurar la batalla entre moros y cristianos en la ciudad de Toledo, España; a partir de esa fecha se le veneró con este título, pronto los devotos se extendieron por toda Europa. En Roma el papa Sixto IV (1471-84) edificó la iglesia de Santa María de la Paz, para celebrar el término del conflicto armado italiano. La devoción pasó a América donde se erigieron diversos templos en su honor. Benedicto XV (1914-22), cuyo pontificado se vio inmerso en la Primera Guerra Mundial (1914-18), propagó su culto y en 1917 estableció que se incluyeran en las Letanías Lauretanas del Rosario la invocación "Reina de la Paz". Iconografía: de pie con vestido blanco y manto azul, sosteniendo al Niño Jesús en su brazo izquierdo y en la mano derecha porta un banderín con la palabra pax. El beato Paulo VI (1963-78; 26 de septiembre) en su Carta Encíclica Christi Matri —Madre de Cristo— (1966) señala: "Estando acostumbrada la Iglesia a acudir a su Madre María, eficacísima intercesora, hacia ella dirigimos con razón nuestra mente y la vuestra, venerables hermanos, y la de todos los fieles; pues ella, como dice San Ireneo, 'ha sido constituida causa de la salvación para todo el género humano' (Adv. Haer. 3, 22; PG 7, 959). Nada nos parece más oportuno y excelente que el que se eleven las voces suplicantes de toda la familia cristiana a la Madre de Dios, que es invocada como 'Reina de la paz', a fin de que en tantas y tan grandes adversidades y angustias nos comunique con abundancia los dones de su maternal bondad".

 

VIERNES 25

La Conversión de San Pablo Apóstol

LA CONVERSIÓN DE SAN PABLO, APÓSTOL (siglo I). La Iglesia universal conmemora como "festividad" la conversión al cristianismo del llamado "Apóstol de los gentiles"; acontecimiento narrado en el libro de los Hechos de los Apóstoles (22, 6-15). Antes de ser bautizado, su nombre era Saulo (del hebreo, "deseado", "elegido"), vivía en Tarso de Cicilia (actual Turquía) y era feroz perseguidor de cristianos. Cuando se enteró que muchos pobladores de Damasco se habían cristianizado, solicitó al sumo sacerdote autorización para apresar a los conversos y llevarlos a Jerusalén. Al llegar a los límites de dicha ciudad se vio deslumbrado por una cegadora luz, cayó en tierra y escuchó una voz que le decía: "Saulo, Saulo ¿Por qué me persigues? ...Yo soy Jesús a quien tú persigues". Después de este acontecimiento, abrazó la fe de Cristo y solicitó ser bautizado con el nombre de Pablo (del latín, "pequeño") Desde entonces fue un propagador incansable de la religión de Cristo, hasta morir degollado. Iconografía: de acuerdo con la creatividad de cada autor, vestido con atuendo militar al caer en el camino hacia Damasco deslumbrado por una intensa luz. San Juan Crisóstomo (13 de septiembre) en una de sus Homilías lo elogia con estas palabras: "Qué es el hombre, cuán grande su nobleza y cuánta su capacidad de virtud lo podemos colegir sobre todo de la persona de Pablo. Cada día se levantaba con una mayor elevación y fervor de espíritu y, frente a los peligros que lo acechaban, era cada vez mayor su empuje, como lo atestiguan sus propias palabras: Olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante".