SAN ANTONIO, abad, que, habiendo perdido a sus padres, distribuyó todos sus bienes entre los pobres siguiendo la indicación evangélica y se retiró a la soledad de la Tebaida, en Egipto, donde llevó una vida ascética. Trabajó para reforzar la acción de la Iglesia, sostuvo a los confesores de la fe durante la persecución del emperador Diocleciano y apoyó a san Atanasio contra los arrianos, y reunió a tantos discípulos que mereció ser considerado padre de los monjes (356).
SAN JENARO SÁNCHEZ DELGADILLO, (1886-1927). Presbítero y mártir. Nacido en Zapopan, Jalisco, México. De familia humilde, Jenaro trabajó y estudió para costearse sus estudios. Ingresó al seminario jalisciense de Guadalajara, donde recibió el Orden sacerdotal en 1911. Desempeñó su ministerio en diversas localidades de su estado natal, hasta ser capellán de Tamazulita, ahí cobró prestigio como director espiritual, confesor y por ser un presbítero comprensivo, amoroso e interesado por su feligresía. Al radicar en esta villa albergó en su hogar a sus padres. En 1926, al desencadenarse la persecución contra la Iglesia católica, sus fieles y ministros, el padre Sánchez continuó asistiendo a sus hijos espirituales en la clandestinidad, oficiaba el santo sacrificio de la Misa, llevaba la comunión a quien se lo solicitaba; auxiliaba a enfermos, etc. Siempre consciente del peligro que corría, expresaba: «Creo que en esta persecución van a morir muchos, y quizás yo sea el primero». Fue descubierto y condenado a morir en la horca. La ejecución falló y el santo permaneció en agonía varias horas, hasta que se le bajó del árbol, donde pendía su cuerpo, y se le ultimó con el tiro de gracia. Su madre recogió su cadáver. Fue canonizado el año 2000 junto a 24 mártires mexicanos por san Juan Pablo II.
Beato Teresio Olivelli, laico mártir.