SANTA ÁNGELA DE MERICI, del griego, «mensajera de Dios» (1540). Terciaria Franciscana y fundadora. Originaria de Desenzano, Italia, en una familia acaudalada; huérfana a los 16 años, renunció a sus bienes e ingresó como terciaria seglar de la Orden Franciscana, realizando humildes faenas y catequizando niños. Las dos virtudes sobre las que giró su vida fueron la caridad y la prudencia. En Brescia los canónigos de Letrán le dieron alojamiento en una estancia contigua a la Catedral, ahí se dio cuenta de los peligros que corrían las niñas por el descuido de sus padres y la ignorancia religiosa; reunió a 30 mujeres de ideas afines y con ellas fundó la Orden de Santa Úrsula o Compañía de Santa Úrsula (Ordinis Sanetae Ursulae, O.S.D.), comúnmente llamadas ursulinas, en 1535, para la educación y formación de las niñas, y fue el primer instituto en Europa con este objetivo. Murió en la citada población. Fue canonizada por Pío VII (1800-23) el año 1907. En su Testamento espiritual recomienda a sus hijas espirituales: «Queridísimas madres y hermanas en Cristo Jesús: En primer lugar, poned todo vuestro empeño, con la ayuda de Dios, en concebir el propósito fiel de no aceptar el cuidado y dirección de los demás, si no es movidas únicamente por el amor de Dios y el celo de las almas. Sólo si se apoya en esta doble caridad, podrá producir buenos y saludables frutos vuestro cuidado y dirección, ya que, como afirma nuestro Salvador: Un árbol sano no puede dar frutos malos. El árbol sano, esto es, el corazón bueno y el ánimo encendido en caridad, no puede sino producir obras buenas y santas».
San Enrique de Ossó y Cervelló, presbítero y fundador. Beato Juan Schiavo, sacerdote de los Josefinos de Murialdo.