Santoral 8 de Marzo

VIERNES 8

Morado Feria, viernes III de Cuaresma o Memoria parcial de san Juan de Dios, religioso* MR, pp. 217 (235), 718 (705); Lecc. I, p. 751

Otros Santos: Faustino Míguez, presbítero de la Orden de las Escuelas Pías y fundador. Beato Vicente Kadlubek, monje cisterciense y obispo.

SAN JUAN DE DIOS, del hebreo, «Dios ha hecho gracia» (1495-1550). Religioso y fundador. Juan Ciudad Duarte, su nombre de pila, nació en Montemor-o-Novo, Portugal. A los 8 años escapó hacia Madrid en busca de aventuras, pero llegó a To1edo, donde trabajó como pastor. En su juventud ingresó en el ejército y llevó una vida desordenada. Al salir de la milicia recorrió gran parte de España como vendedor de libros religiosos y llegó a Ceuta, ciudad española en la costa norte de África. Regresó a España, donde conoció al predicador san Juan de Ávila (10 de mayo), llamado «el Maestro» y el «Apóstol de Andalucía», quien influyó para su conversión. Mediante una revelación, Jesús le dijo: «Granada será tu cruz», sí decidió consagrar su vida a Dios. A partir de entonces asumió el nombre de Juan y se estableció en la ciudad andaluza de Granada. Recorrió las calles implorando la misericordia divina, haciendo penitencias tan severas que se le consideró demente y fue internado en un manicomio; ahí, con caridad, se dedicó a atender enfermos, ancianos, vagabundos y prostitutas. En 1537 fundó la Orden de los Hermanos Hospitalarios o Hermanos de la Misericordia (ardo Hospitalarius Sancti Ioannis de Deo, O.H.), hoy Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, conocidos como juaninos, juandedianos, hermanos hospitalarios o hermanos de San Juan. A este santo varón, se debe el mejor trato a los enfermos mentales, ya que hasta entonces se había considerado a éstos como poseídos o que sufrían un castigo divino. Su deceso ocurrió en Granada. El sobrenombre «de Dios» le fue asignado por un Obispo en reconocimiento a su obra a favor de los pobres y enfermos. Fue canonizado por Alejandro VIII (1689-1691) en 1690. Protector de hospitales, enfermeros y bomberos, en alusión a que al incendiarse un hospital entró a salvar a sus internos. Dejó diversas cartas, en una de ellas señala: «Si mirásemos cuán grande es la misericordia de Dios, nunca dejaríamos de hacer bien mientras pudiésemos: pues que, dando nosotros, por su amor, a los pobres lo que Él mismo nos da, nos promete ciento por uno en la bienaventuranza».