SAN MACARIO DE JERUSALÉN, del griego, «feliz», «bienaventurado» (250-335). Obispo. Los escasos datos indican que nació, vivió y murió en Palestina. Sus biografías lo dan a conocer a partir de ser patriarca de Jerusalén y tenaz combatiente de las herejías de Arrio (280-336), quien afirmaba que Jesús era un alma excelsa, superior a los mismos ángeles, pero sin divinidad. Participó en el primer Concilio de Nicea (325); propició, en el siglo IV, la edificación de las grandiosas basílicas de Roma y Tierra Santa con el emperador Constantino «el Grande» (274-337) y con su madre santa Elena (agosto 18), con quienes se le relaciona en el descubrimiento e identificación de la Santa Cruz en la que crucificaron a Cristo. Su culto se pierde en la memoria de los tiempos.
Otros: Santa María Eugenia de Jesús Milleret, virgen fundadora. Beato Elías del Socorro Nieves del Castillo, presbítero de la Orden de los Hermanos de San Agustín y mártir.