VIERNES 29 Viernes Santo, De la Pasión del Señor
Rojo MR, p. 292 (297) / Lecc. I, p. 820
Día de ayuno y abstinencia
Otros Santos: Eustasio de Luxeuil, abad; Gladys, reina de Gales. Beato Bertoldo de Palestina, Segundo Prior General de los Carmelitas.
SANTA GLADYS REINA DE GALES, del galés Gwladys, probable del galés, lirio, gladiolo (siglo VI). Reina. Algunas fuentes citan que su padre fue el rey san Brychan de Brecknock (6 de abril). Su vida fue escrita en 1130 por su marido, el príncipe san Gundleus Gwyn1lyw (29 de marzo), y otra por su hijo, san Cadoc de Llancarfan (25 de septiembre). En ellas se narra que en su juventud fue pedida en matrimonio por Gundleus y al serle negada su petición el príncipe la raptó. Se dice que vivieron una vida poco ejemplar y procrearon varios hijos, uno de ellos el abad san Cadoc, quien propició que sus padres reflexionaran acerca de su estilo de vida y lo modificaran. A partir de entonces vivieron en castidad, con humildad, realizaron obras de caridad y colaboraron en la edificación de iglesias y monasterios. Se dice que el Señor premió su arrepentimiento otorgándoles el don de la taumaturgia (facultad de hacer milagros). Ambos abdicaron y Gundleus ingresó a una abadía en Newport, Monmouthshire, Gales, donde llevó una vida de eremita y Gladys se recluyó en el monasterio de Stow Hill, Gales, donde murió -al igual que Gundleus-, con fama de santidad. Este día igualmente se conmemora a su marido. También se le conoce como: Gwladys, Gladis, Gladusa, Claudia.
VIERNES SANTO EN LA PASIÓN DEL SEÑOR. «¡Crucem tuam adoramus, Domine! Sí, te adoramos, Señor elevado en la Cruz entre la tierra y el cielo, Mediador único de nuestra salvación. ¡Tú Cruz es el estandarte de nuestra victoria! Te adoramos, Hijo de la Virgen Santísima, erguida al pie de tu Cruz, con actitud valiente de compartir tu sacrificio redentor. Por medio del Leño en el cual has sido crucificado ha venido al mundo entero la alegría- ‘Propter Lignum venit gaudium in universo mundo’. De esto somos hoy aún más conscientes, mientras nuestra mirada se proyecta hacia el prodigio inefable de tu resurrección. ¡Adoramos, Señor, tu Cruz!, ¡alabamos y glorificamos tu santa resurrección!». S. S. Juan Pablo II (2002).