Santoral 16 de Abril

MARTES 16

Blanco Martes III de Pascua MR, p. 362 (363) / Lecc. I, p.888 101

Otros Santos: María Bernarda (Bernardita) Soubirous, religiosa de las Hermanas de la Caridad de Nevers y vidente; Engracia de Zaragoza, virgen, y compañeros mártires; Joaquín de Siena, religioso Presbítero de la Orden de los Siervos de María.

SANTA MARÍA BERNARDA (BERNARDITA) SOUBIROUS, del hebreo Miryam, según diversos Padres de la Iglesia, «señora», «soberana», y del germánico, «oso fuerte» (1844-1879). Vidente y religiosa de las Hermanas de la Caridad de Nevers. Bernardetta, como le llamaban, nació en el poblado francés de Lourdes. Por carecer de recursos sus dos primeros años la atendió una dama que fue su nodriza. De regreso al hogar, su padre había perdido un ojo y la precaria situación se tornó miserable cuando su progenitor, quien era analfabeta, firmó unos documentos ilegales y fue encarcelado. De este modo, como señaló Benedicto XVI (2005-13): «La vida cotidiana de la familia Soubirous estaba hecha de dolor y miseria, de enfermedad e incomprensión, de rechazo y pobreza. Aunque no faltaban amor y calor en el trato familiar, era difícil vivir en aquella especie de mazmorra». Bernardetta, además, fue atacada en 1854 por el asma, que minó su salud y le dejó secuelas de por vida. En 1857 trabajó como sirvienta en la casa de su antigua nodriza. Al año siguiente volvió a su hogar. El 11 de febrero, según narra el citado Papa: «…en el lugar llamado la gruta de Massabielle, apartada del pueblo (…) vio una luz y, en la luz, una mujer joven ‘hermosa, la más hermosa’. La mujer le habló con dulzura y bondad, respeto y confianza: ‘Me hablaba de ‘usted’ (narra Bernadette) …¿Querrá Usted venir aquí durante quince días? (le pregunta la Señora) … Me miró como una persona que habla a otra persona’. En la conversación, en el diálogo impregnado de delicadeza, la Señora le encarga transmitir algunos mensajes muy simples sobre la oración, la penitencia y la conversión». Durante las revelaciones la niña sufrió interrogatorios y censuras, las cuales al paso del tiempo cesaron. El 16 de julio la Señora le dijo: «Yo soy la Inmaculada Concepción». En 1866 ingresó con las Hermanas de la Enseñanza y la Caridad en Nevers, Francia. Durante su vida como religiosa padeció penosas enfermedades; asimismo, era objeto de burlas que le hacían personas, laicas o religiosas. Los últimos nueve años de su vida soportó una dolorosa enfermedad, se le escuchaba suplicar: «Lo que le pido a Nuestro Señor, no es que me conceda la salud, sino que me conceda valor y fortaleza para soportar con paciencia mi enfermedad». Falleció en el citado convento. Fue canonizada por Pío XI (1922-1939) en 1933.