SÁBADO 4 Fiesta de los Santos Felipe y Santiago, Apóstoles (En la República Mexicana)
Rojo MR, p. 742 (729) / Lecc. I, p. 1018
Otros Santos: Beatos: Víctor Emilio Moscoso, sacerdote de la Compañía de Jesús y mártir; Edvige Carboni, laica, mística de la pasión de Cristo; Juan Martín Moyé, presbítero de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París y fundador.
SANTOS FELIPE Y SANTIAGO «EL MENOR», del griego, «amigo o aficionado a los caballos» y del latín, «que Dios proteja», respectivamente (siglo I). Apóstoles y mártires. La Iglesia ubica su veneración en esta fecha cuando sus reliquias fueron colocadas en el altar mayor de la basílica de los Apóstoles en Roma (565). FELIPE. Discípulo de Juan el Bautista, nació en Betsaida, Galilea. Difundió la Palabra en regiones distantes de su país. Tuvo el don de la taumaturgia. El Evangelio de Juan lo menciona en varios hechos donde actúa como intermediario entre Jesús y un grupo gentiles (Jn 1,43-44; 6, 5-7; 12, 20-43). Destaca por su fe en el diálogo que sostuvo con el Resucitado en la Última Cena: »Señor muéstranos al Padre, y nos basta». El Señor le responde: «Felipe, quien me ha visto a mí, ha visto al Padre» (Jn 14,8-11). La Tradición indica que murió mártir en Siria. SANTIAGO. Hijo de Alfeo. Se le dio el calificativo de «el Menor», para distinguirlo del Apóstol Santiago «el Mayor» (25 de julio). San Pablo le atribuyó un encuentro con Jesús resucitado (1 Cor 15, 7). Brilló en la primitiva comunidad cristiana de Jerusalén, presidiendo e imprimiendo un deseo de perfección y piedad (Hech 15,13-21; 21, 20-25). Se le atribuye una Carta en el Nuevo Testamento. Murió arrojado de lo alto de un templo y ultimado con un mazo. El Papa Benedicto XVI (2005-2013), en sus Ángelus del 28 de junio y del 6 de septiembre del 2006 señala: «Felipe nos enseña a dejarnos conquistar por Jesús, a estar con Él y a invitar también a otros a compartir esta compañía indispensable; y, viendo, encontrando a Dios, a encontrar la verdadera vida». «Santiago nos exhorta a abandonarnos en las manos de Dios en todo lo que hagamos […] nos enseña a no tener la presunción de planificar nuestra vida de modo autónomo e interesado, sino a dejar espacio a la inescrutable voluntad de Dios […]. De este modo Santiago es un maestro de vida siempre actual para cada uno de nosotros».