Nuestra Señora de Fátima
Otros santos: Andrés Huberto Fournet, presbítero y cofundador. Beata Gemma de Goriano, virgen reclusa.
SAN ANDRÉS HUBERTO FOURNET, del griego, «varonil» y del germánico, «el que brilla por su espíritu» (1752-1834). Presbítero y cofundador. Nació en Saint Pierre-de-Maillé, Francia, en el seno de una noble y acaudalada familia. Su madre, desde que él era pequeño, trataba de influir para que abrazara la vida sacerdotal, sin embargo, Andrés rechazaba estas insinuaciones y llevó una vida licenciosa en su juventud, hasta que un día reflexionó sobre la banalidad de su existencia e ingresó en el seminario de Poitou, donde recibió el Orden sacerdotal. Al estallido de la Revolución Francesa (1789-1799), los miembros del clero fueron presionados para firmar la Constitución que pasaba el control de la Iglesia al Estado;
por no hacerlo fue perseguido, teniendo que refugiarse en España. De forma clandestina regresó a su país donde ejerció su ministerio. Al finalizar la amenaza volvió a su parroquia en Maillé, la cual estaba seriamente deteriorada y la feligresía dispersa, pero con intensas jornadas de trabajo e incansable labor evangelizadora devolvió a los pobladores a las prácticas religiosas. Se percató de la pobreza espiritual y carencia de valores de la juventud y del riesgo que corrían las niñas y jóvenes de caer en las garras del vicio; por ello, en unión con santa Isabel Bichier (26 de agosto), fundó la Congregación de las Hijas de la Cruz (Congregazione delle Figlie della Croce), llamadas también Hermanas de San Andrés para la educación de la juventud y la asistencia a pobres y enfermos. Gozó del don del consejo, por lo que en su búsqueda acudían numerosas personas. Con olor a santidad partió a la Gloria desde Maillé. Fue canonizado en 1933 por el Papa Pío XI.
Oración a la Virgen de Fátima. «María, Virgen de Fátima, con renovada gratitud por tu presencia maternal unimos nuestra voz a la de todas las generaciones que te llaman bienaventurada. Celebramos en ti las grandes obras de Dios, que nunca se cansa de inclinarse con misericordia hacia la humanidad, afligida por el mal y herida por el pecado, para curarla y salvarla … Custodia nuestra vida entre tus brazos; reaviva y alimenta la fe; sostén e ilumina la esperanza; suscita y anima la caridad; guianos a todos nosotros por el camino de la santidad Enséñanos tú mismo amor de predilección por los pequeños y los pobres, por los excluidos y los que sufren, por los pecadores y los extraviados de corazón, congrega a todos bajo tu protección y entrégalos a todos a tu dilecto Hijo, el Señor, nuestro Jesús, Amén». Papa Francisco (2019).