Santoral 30 de Mayo

JUEVES 30 El Cuerpo y la Sangre de Cristo

Blanco Jueves después de la Santísima Trinidad Solemnidad (De precepto en la República Mexicana) MR, p. 451 (447) / Lecc. II, p. 199

Otros santos: Fernando III «el Santo», rey de España; Juana de Arco «la Doncella de Orleans», virgen y mártir. Beatos: Marta María Wiecka, religiosa de las Hijas de la Caridad; Carlos Liviero, obispo y fundador.

BEATA MARTA MARIA WIECKA, interpretado como femenino del arameo «señor»; por tanto «la señora», y del hebreo, Miryam, cuyo significado y etimología son, según diversos Padres de la Iglesia, «señora», «soberana» (1874-1904). Religiosa de las Hijas de la Caridad. Nació en Nowy Wiec (Polonia). De niña sufrió una grave enfermedad, cuya curación se atribuyó a la intercesión de la Virgen María. Ingresó en el noviciado de las Hijas de la Caridad en 1892. En 1899 se le comisionó al hospital de Bochnia, en Cracovia, donde, refiere ella, el Señor le indicó «soportar las dificultades y prometió acompañarla toda su existencia». Trabajó en la clínica ayudando al prójimo, con humildad, paciencia y amor. Fue calumniada, soportando en silencio la difamación. En 1902 se le trasladó al nosocomio ucraniano de Sniatyn; ahí las religiosas y el pueblo la admiraron debido a su prudencia, espíritu de servicio y humildad; asimismo, reconocieron sus dones de taumaturgia, conciliación y consejo, ganándose la reputación de santa. En el sanatorio atendía con igual caridad a todos los pacientes, sin importar nacionalidad, sexo, religión o filiación política. En 1904, al ofrecerse a asear una habitación, se contagió de tifus y pereció. Fue beatificada por S. S. Benedicto XVI (2005-2013) en 2008.

EL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO. La Fiesta del Cuerpo y de la Sangre de Cristo exalta la existencia real de Jesús en el Sacramento de la Eucaristía y se conmemora el jueves siguiente a la Octava de Pentecostés. Oración: Alma de Cristo, santificame. Cuerpo de Cristo, sálvame. Sangre de Cristo, embriágame. Agua del costado de Cristo, lávame. Pasión de Cristo, confórtame. ¡Oh, buen Jesús!, óyeme. Dentro de tus llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de Ti. Del maligno enemigo, defiéndeme. En la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a Ti. Para que con tus santos te alabe. Por los siglos de los siglos. Amén.