Santoral 2 de Julio

MARTES 2

Verde / Blanco Feria, Misa por los enfermos MR, p. 1156 (1148) / Lecc. II, p. 510

Otros santos: Monegunda de Tours, eremita; Otón de Bamberg, obispo; Bernardino Realino, presbítero de la Compañía de Jesús. Beatos: Columba Kang Wan-suk y 7 compañeros, mártires; Ignacio Choe In-Cheol, catequista y mártir.

SAN BERNARDINO REALINO, del germánico, diminutivo de Bernardo, «guerrero fuerte, atrevido» (1530-1616). Presbítero de la Compañía de Jesús. Nació en Capri, Italia. En 1548 ingresó en la universidad de Bolonia donde obtuvo el doctorado en derecho civil y canónigo. Ocupó las alcaldías de Felizzano (actual Piamonte) y de Cassine y otros cargos gubernamentales. El fallecimiento de su prometida provocó en él una crisis sobre su vida. Se trasladó a Nápoles como delegado del virrey; ahí entró en contacto con los jesuitas y en 1564 inició el noviciado; tres años después recibió el Orden sacerdotal. Se distinguió por ser comprensivo y prudente confesor y consejero de sus feligreses, de forma paralela, durante dos años fue maestro de novicios. Cuando se suscitó la batalla de Lepanto (1571) logró numerosas conversiones entre los esclavos moros que a él acudían. A partir de 1574 radicó en Lecce. Su prolífica misión consistió en visitar a los encarcelados, en especial a los esclavos de las galeras, para quienes organizaba la preparación y el suministro de alimentos. Con especial afecto atendió el aspecto espiritual de los condenados a muerte. Integró grupos para venerar a la Santísima Virgen María y extender su culto. El Señor le concedió el Don de leer las conciencias y predecir hechos futuros. En 1594 se le nombró Rector del colegio jesuita napolitano. Durante la enfermedad que le causaría la muerte fue visitado por gran cantidad de gente del pueblo, así como por autoridades civiles y religiosas, quienes lo nombraron «Defensor y protector de la ciudad». Después de su fructífero apostolado, con fama de santo, falleció en Lecce; sus últimas palabras fueron: «Oh María mía Santísima». Fue canonizado en 1947 por el Papa Pío XII.