Santoral 7 de Julio

DOMINGO 7

Verde Domingo XIV del Tiempo Ordinario MR, p. 428 (424) / Lecc. II, p. 132

Otros santos: Panteno de Alejandría, misionero; Antonino Fantosanti, obispo y mártir; José María Gambaro, sacerdote de la Orden de los Menores y mártir. Beatos: Pedro To Rot, padre de familia, catequista y mártir; María Romero Meneses, religiosa del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora.

BEATO PEDRO TO ROT, del arameo, «piedra», «roca» (1912-1945). Padre de familia, catequista y mártir. Nació en Rakunai, Papua Nueva Guinea, en el seno de una de las primeras familias católicas de su nación. Se inscribió en el colegio de los Misioneros de los Sagrados Corazones ahí recibió instrucción entre 1930 y 1933, sus maestros dicen de él: «modesto y sencillo y careciendo de toda vanidad, superó al resto de los estudiantes y pronto se convirtió en el líder indiscutible de todos ellos». Se le asignó colaborar en la catequesis con el párroco de Rakunai; organizó diversos grupos y se consolidó como líder de su comunidad. Contrajo nupcias en 1936 y de su enlace nacieron tres hijos. Ese mismo año, los japoneses iniciaron la ocupación de la isla y se ordenó la captura de los religiosos y del personal europeo de la misión. Pedro, en su calidad de nativo, quedó excluido de la ordenanza y encabezó la comunidad católica. Al recrudecerse la persecución, se prohibieron los actos de culto y, después, el cristianismo; asimismo, se exhortó al pueblo a volver a la poligamia. Pedro continúo su misión de forma clandestina, pero fue apresado en 1945; después de dos meses fue liberado, pero nuevamente se le arrestó después de un tiempo. En prisión recibió la visita de sus familiares y su esposa embarazada, a los que anunció: «La policía me ha dicho que el doctor japonés me dará algunos medicamentos, pero yo supongo que es un truco, pues realmente no estoy tan mal y no sé qué se traen entre manos». Una noche, sus temores se volvieron realidad; un testigo pudo ver cuando un médico, acompañado de varios guardias, le inyectó una sustancia y le dio a beber un líquido, acto seguido le taparon nariz y oídos con algodones; Pedro empezó a convulsionar y a vomitar, pero se le cerró la boca; al poco tiempo murió envenenado y asfixiado; los asesinos negaron haber tomado parte en su fallecimiento.
A sus funerales acudió una multitud que le reconoció como mártir de la fe. San Juan Pablo II lo beatificó en 1994. Pedro Tot Rot, es el primer beato de su país.