Santoral 31 de Julio

MIÉRCOLES 31 Memoria de san Ignacio de Loyola, presbítero

Blanco MR, p. 795 (783) / Lecc. II, p. 620

Otros santos: Beatos: Zdenka (Cecilia) Shelingová, religiosa de la Congregación de las Hermanas de la Caridad y mártir; Stanley Francis Rother, presbítero capuchino y mártir.

BEATA ZDENKA SHELINGOVÁ, del esloveno, significa «de Sidón», ciudad de El Líbano (1916-1955). Religiosa de la Congregación de las Hermanas de la Caridad y mártir. Oriunda de Kriva, Eslovaquia, y bautizada como Sidonia Shelingová. Al estudiar en el colegio dirigido por las Hermanas de Ingenbohl (Soeurs de charité de la Sainte Croix d’ Ingenbohl), conoció el misticismo y carisma de esta Congregación y descubrió su vocación para el servicio a Dios. Ingresó en la citada hermandad y cursó estudios de enfermería. En 1936 hizo su profesión religiosa y adoptó el nombre de sor Zdenka (Cecilia). A partir de 1942 colaboró en el hospital de Bratislava, Eslovaquia, donde frecuentemente se le escuchaba decir: «Me voy del altar de Dios al altar de mi trabajo… yo intento emprenderlo todo con alegría». Después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), en 1948, tomó el poder de su país el partido comunista, el cual cerró iglesias, seminarios, monasterios y conventos y, por tanto, los religiosos y religiosas fueron confinados y aislados en los llamados «conventos de concentración» o se les exclaustró para trabajar en fábricas. En febrero de 1952, la hermana Zdenka pretendió auxiliar a un sacerdote enfermo que estaba prisionero y condenado a muerte, pero fue aprehendida. Se le sometió a juicio; fue acusada de «alta traición» y condenada a doce años de prisión. En cautiverio sufrió crueles tormentos físicos y sicológicos. Al negarse a descifrar mensajes de los insurgentes se le trasladó a la cárcel de Rimavská Sobotay en 1953, al no «colaborar», se le reubicó en el penal de Pardubice, donde empeoró su condición de vida. Por su humildad, resignación y su negativa a interpretar los correos de los rebeldes su vida se convirtió en una peregrinación por diversas prisiones. Los inhumanos suplicios, la severidad de la existencia en los presidios, la desnutrición, la falta de salubridad y alimentación minaron su salud y le acarrearon un tumor maligno y, después, tuberculosis. Pese a su condición física se le continuó atormentando y se le golpeó de forma brutal. La heroica religiosa repetía: «El perdón es lo más grande de la vida». En 1955, siendo inminente su muerte, las autoridades le concedieron el indulto, por el temor de que el morir encarcelada despertara una insurrección de los fieles, quienes se mantenían al pendiente del estado de la religiosa que en vida era considerada santa. Murió en Trnava, Eslovaquia. San Juan Pablo II (1978-2005; 22 de octubre) la beatificó como mártir en 2003.