Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María: «La inmaculada Madre de Dios, la siempre Virgen María, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo, al terminar su vida mortal». Con estas palabras define el Papa Pío XII el dogma de la Asunción de la Santísima Virgen (1950). Siendo una consecuencia de la maternidad divina, la Asunción de nuestra Señora constituye para todos los seres humanos una prenda de esperanza y una promesa de resurrección.
SAN LUIS BÁTIS SÁINZ, presbítero y mártir. Nació en San Miguel del Mezquital, Zac. El 13 de septiembre de 1870. Párroco de San Pedro Chalchihuites, Zac. Celoso sacerdote en todos sus ministerios, tuvo especial dedicación a los jóvenes, infundiendo en ellos el espíritu de heroísmo cristiano para profesar su fe. El 15 de agosto de 1926, fue conducido junto con sus más cercanos colaboradores en el apostolado, los laicos: Manuel Morales, Salvador Lara Puente y David Roldán, al lugar conocido como «Puerto de Santa Teresa», El Sr. Cura Bátis y Manuel Morales fueron llevados fuera de la carretera para ser fusilados; entonces el sacerdote intercedió por Manuel, pero fue inútil. Los cuatro testigos de Cristo Rey fueron asesinados.
SAN MANUEL MORALES, laico y mártir. Nació en Mesillas, Zac., el día 8 de febrero de 1898. Cristiano de una pieza, esposo fiel, padre cariñoso con sus tres pequeños hijos, trabajador cumplido, laico comprometido en el apostolado de su parroquia y de intensa vida espiritual alimentada con la Eucaristía. Miembro de la Acción Católica de la Juventud Mexicana y presidente de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, El día 15 de agosto de 1926, al conocer la prisión del Sr. Cura Bátis se movilizó para ir a pedir su libertad. Apenas había reunido un grupo de jóvenes para deliberar, cuando la tropa se presentó y el jefe gritó: «¡Manuel Morales!». Manuel respondió: «Yo soy. A sus órdenes». Lo insultaron y comenzaron a golpearlo con saña. Junto con el Sr. Cura fue conducido fuera de la ciudad, y al escuchar que su párroco pedía que le perdonaran la vida en atención a su familia, lleno de valor y de fe le dijo: «Señor Cura, yo muero, pero Dios no muere. El cuidará de mi esposa y de mis hijos». Luego se irguió y exclamó: «¡Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe!». Y el testimonio de su vida quedó firmado con su sangre de mártir.
SAN SALVADOR LARA, laico y mártir. Salvador, joven militante de la Acción Católica de la Juventud Mexicana, nació en el poblado de Berlín, Dgo., perteneciente a la parroquia de Súchil, el 13 de agosto de 1905. Salvador era alto y fuerte, aficionado a practicar el deporte de la charrería; educado y fino en el trato con todos, respetuoso y cariñoso con su madre viuda; íntegro y responsable como empleado en una empresa minera. Vivía su fe en la pureza de sus costumbres y en la entrega al apostolado. Cuando llegaron los soldados para apresarlo, junto con Manuel y David, respondió al ser llamado: «Aquí estoy». Orando en voz baja, Salvador recibió la descarga que abrió las heridas para que brotara su sangre de mártir y se descubriera su grandeza de cristiano, el 15 de agosto de 1926, tenía 21 años de edad.
San Tarsicio, protomártir de la Eucaristía.
Beato Pío Alberto del Corona, sacerdote de la Orden de Predicadores (Dominicos), obispo y fundador.