Nuestra Señora de los Remedios
Otros santos: Gil o Egidio de Casayo, eremita y abad. Beatos: Isabel Cristina Mrad Campos, virgen y mártir de la castidad; Pedro Esteban Hernández, religioso de la Orden de la Bienaventurada Virgen de las Mercedes y mártir.
BEATA ISABEL CRISTINA MRAD CAMPOS, del hebreo. «Dios es mi juramento» y del bajo latín, «perteneciente a la religión de Jesucristo, cristiana» (1962-1982). Virgen y mártir de la castidad. Nació en Barbacena, en el estado brasileño de Minas Gerais. Desde temprana edad ingresó en la Juventud Vicenciana (Jóvenes Vicentinos), donde se incrementó su deseo de servir a su prójimo, especialmente a los pobres, a los enfermos y a los niños con discapacidad. Su primera educación la recibió en colegios dirigidos por Hermanas Vicencianas. En sus estudios siempre la caracterizó su amabilidad y su inteligencia, virtudes que la diferenciaban de sus condiscípulos. Su aspiración era ser médico pediatra y llevar a cabo su actividad en África. En 1982, junto con su hermano, Paulo Roberto, se trasladó a Juiz de Fora con la finalidad de asistir a un curso preuniversitario. Alquilaron un pequeño departamento y contrataron a Maurilio Almeida Oliveira para que hiciera un armario y acondicionara el lugar. Al estar trabajando el carpintero comenzó a hacerle comentarios impropios a Isabel, quien le comentó los hechos a su hermano y decidieron dar por terminado el trato con Maurilio; sin embargo, el l de septiembre regresó el artesano y trato de violar a la joven. Para someterla la golpeó, la desnudó y amarró a una silla. Frustrado el hombre por no conseguir sus objetivos le asestó 15 puñaladas y huyó. A la joven la encontraron muerta con un rosario en sus manos. Sus restos fueron acompañados por cientos de pobladores hasta la iglesia de Nostra Signora della Pietà en Barbacena, parroquia donde había recibido el Bautismo y la Primera Comunión. Fue beatificada el 10 de diciembre de 2022 por S. S. Francisco. Por la defensa de su pureza, Isabel Cristina es considerada «Heroína de la castidad». Cabe señalar que, para su elevación a los altares como beata, según lo estipula la Congregación para las Causas de los Santos en el caso de que se reconozca «el martirio» (Positio super martyrio), no es necesario que se pruebe un milagro.