BEATO AGUSTÍN THEVARMPIL «KUÑACHAN» («el Padrecito»), del latín; «de Augusto» (1891-1973). Presbítero. Nativo de Ramapuran, Kerala, India, en el seno de una familia de rito siro malabar (pertenecientes a la tradición ritual caldea. En 1992, Juan Pablo II la reconoció como «Iglesia autónoma» en plena comunión con Roma. Ingresó al seminario y fue ordenado sacerdote en 1921. Fue comisionado para servir en la parroquia de Kadanad (1923), la cual, tres años después, tiene que dejar al ser víctima de una penosa enfermedad y regresar a su pueblo natal, donde retorna el sentido de su misión pastoral optando por servir a los parias -casta inferior de los hindúes, quienes son segregados por la sociedad, llegándoseles a prohibir acercarse a miembros de otras castas-, quienes vivían en lugares apartados, carentes de todo tipo de servicios, dedicándose a trabajar en labores despreciadas por otros debido a su bajo salario, la rudeza del mismo, las condiciones insalubres, etc. Ahí, el padre Agustín encontrará el campo fértil para desempeñar su labor pastoral y asistencial. Esta población estaba sumergida en una serie de supersticiones y veían con recelo las intenciones de una persona ajena a ellos, esto volvió la empresa del santo hombre un reto que sólo su amor hacia el prójimo, su fe en Cristo y su férrea voluntad pudieron solventar. Su jornada principiaba a las cuatro de la mañana; después de celebrar la Eucaristía comenzaba su peregrinar por las calles llevando palabras de aliento, escuchando los problemas de las comunidades, solucionando conflictos entre los parias. A quien cuestionaba su misión respondía: «Son gente buena y sencilla. Ya mejoraran». Para hacer más eficaz su tarea aprendió los nombres de todos los miembros de las casuchas; especial cariño mostraba hacia los pequeños, quienes jugaban con él. El pueblo le llamó cariñosamente Kuñachan, que en lengua malayalam de la India significa «Cura pequeño», «Padrecito» (ya que era bajo de estatura). Como otros santos, se hizo pobre entre los pobres. Dejó escrito en su testamento: «No poseo nada: ni tierras ni dinero. A nadie debo nada… Quiero que mis funerales se realicen del modo más sencillo…». Hombre de profunda espiritualidad y de oración. Llegó a bautizar a casi 6 000 personas, por ello se le conoce como el «Apóstol de los intocables». Al dejar este mundo fue llorado por sus amados «hijos» y su cuerpo fue sepultado bajo el altar de san Agustín de su parroquia, a donde llegan incontables peregrinos a rogar que interceda ante Dios para solucionar sus penas. Fue beatificado por Benedicto XVI (2015-2013) en 2006.
Otros santos: santa Margarita María Alacoque, virgen; santa Eduviges, religiosa.