CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS, del latín fideles, de fides, fe y defunctus, «muerto», «que ha cumplido». Fue en el siglo I cuando inició la veneración a los Apóstoles y mártires difuntos. En el siglo V se concedió efectuar la Celebración Eucarística por su descanso eterno. El abad de Cluny, san Odón (18 de noviembre), inició hacia el año 998 esta conmemoración determinando que se celebrara el día siguiente a la memoria de la festividad de Todos los Santos. Benedicto XV (1914-1922), a partir de 1914, formalizó esta veneración como se conoce en nuestros días.
Reflexiones sobre la muerte del Papa Francisco: «Rogar por los difuntos es, sobre todo, una muestra de agradecimiento por el testimonio que han dejado y el bien que han hecho. Es un agradecimiento al Señor por habérnoslos donado y por su amor y su amistad». San Pío de Pietrelcina: «Oh muerte, yo no sé quién puede temerte, ya que, por ti, la vida se abre para nosotros». San Francisco de Asís: «Recuerda que cuando abandones esta tierra, no podrás llevar contigo nada de lo que has recibido, solamente aquello que has dado: un corazón enriquecido por el servicio honesto, el amor, el sacrificio y el valor».
Otros santos: Malaquías de Armagh, obispo. Beatos: Pío de San Luis Campidelli, religioso pasionista; Margarita de Lorena, religiosa clarisa.