[Esta Plegaria Eucarística cuenta con un Prefacio Propio]
Santo eres en verdad, Señor, que desde el principio del mundo obras siempre para que el hombre sea santo, como tú mismo eres santo.
Te pedimos que mires los dones de tu pueblo, y derrames sobre ellos la fuerza de tu Espíritu para que se conviertan en el Cuerpo y + la Sangre de tu amado Hijo, Jesucristo, en quien nosotros también somos hijos tuyos.
Aunque en otro tiempo estábamos perdidos y éramos incapaces de acercarnos a ti, nos amaste hasta el extremo: tu Hijo, que es el único Justo, se entregó a sí mismo a la muerte, aceptando ser clavado en la cruz por nosotros.
Pero antes de que sus brazos, extendidos entre el cielo y la tierra trazasen el signo indeleble de tu alianza, él mismo quiso celebrar la Pascua con sus discípulos.
Mientras comía con ellos, tomó pan y dando gracias te bendijo, lo partió y se lo dio, diciendo:
«Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes».
Del mismo modo, acabada la cena, sabiendo que iba a reconciliar todas las cosas en sí mismo, por su sangre derramada en la cruz, tomó el cáliz, lleno del fruto de la vid, y, dándote gracias de nuevo,
lo pasó a sus discípulos, diciendo:
«Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados. Hagan esto en conmemoración mía».
Éste es el Sacramento de nuestra fe.
o bien:
Éste es el Misterio de la fe.
T. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!
o bien:
Aclamad el Misterio de la redención.
T. Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.
o bien:
Cristo se entregó por nosotros.
T. Por tu cruz y resurrección nos has salvado, Señor.
Así, al celebrar el memorial de tu Hijo Jesucristo, nuestra Pascua y nuestra paz verdadera, hacemos presente su muerte y resurrección de entre los muertos, y, mientras esperamos la venida gloriosa,
te ofrecemos, Dios fiel y misericordioso, la víctima que reconcilia a los hombres contigo.
Mira bondadosamente, Padre, a quienes unes a ti por el sacrificio te tu Hijo, y concédeles, por la fuerza del Espíritu Santo, que, participando de un mismo pan y de un mismo cáliz, formen en Cristo un solo cuerpo, en el que no haya ninguna división.
Guárdanos siempre en comunión de fe y amor con nuestro Papa N., y con nuestro Obispo N. Ayúdanos a esperar la venida de tu reino hasta la hora en que nos presentemos a ti, santos entre los santos del cielo, con María, la Virgen Madre de Dios, con los apóstoles y con todos los santos, y con nuestros hermanos difuntos, que confiamos humildemente a tu misericordia.
Entonces, liberados por fin de toda corrupción y constituidos plenamente en nuevas criaturas, te cantaremos gozosos la acción de gracias de tu Ungido, que vive eternamente.
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
T. Amén.
RITO DE LA COMUNIÓN
C. Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
T. Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
C. Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
T. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
C. Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: «La paz les dejo, mi paz les doy», no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
T. Amén.
C. La paz del Señor esté siempre con ustedes.
T. Y con tu espíritu.
C. Dense fraternalmente la paz.
Y todos, según la costumbre del lugar, se intercambian un signo de paz, de comunión y de caridad.
Después, el sacerdote toma el pan consagrado, lo parte sobre la patena, y deja caer una parte del mismo en el cáliz, diciendo en secreto:
El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, unidos en este cáliz, sean para nosotros alimento de vida eterna.
Durante la fracción del pan se canta o se dice:
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.
A continuación, el sacerdote, con las manos juntas, dice en secreto una de las dos oraciones siguientes:
Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que, por voluntad del Padre, cooperando el Espíritu Santo, diste con tu muerte la vida al mundo, líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre, de todas mis culpas y de todo mal. Concédeme cumplir siempre tus mandamientos y jamás permitas que me separe de ti.
O bien:
Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre no sea para mí un motivo de juicio y condenación, sino que, por tu piedad, me aproveche para defensa de alma y cuerpo y como remedio saludable.
C. Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
T. Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una Palabra tuya bastará para sanarme.
El sacerdote, hacia el altar, dice en secreto:
El cuerpo de Cristo me guarde para la vida eterna.
Y comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo.
Después toma el cáliz y dice en secreto:
La Sangre de Cristo me guarde para la vida eterna.
Y bebe reverentemente la Sangre de Cristo.
Si no hay canto se dice la ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN
COMUNIÓN
C. El cuerpo de Cristo.
El que está preparado para comulgar responde:
Amén.
Finalizada la comunión, el sacerdote o el diácono, o el acólito, purifica la patena sobre el cáliz y también el cáliz.
Mientras hace la purificación, el sacerdote dice en secreto:
Haz, Señor, que recibamos con un corazón limpio el alimento que acabamos de tomar, y que el don que nos haces en esta vida nos aproveche para la eterna.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
RITO DE CONCLUSIÓN
C. El Señor esté con ustedes.
T. Y con tu espíritu.
C. La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.
T. Amén.
C. Pueden ir en paz.
T. Demos gracias a Dios.