Nuestra Señora de los Dolores
Blanco Memoria, MR, p. 833 (822) / Lecc. II, pp. 783 y 1120
Otros santos: Beatos: Ladislao Miegon, presbítero y mártir; Antonio María Schwartz, presbítero y fundador.
La santísima Virgen María estuvo íntimamente unida a la pasión de su Hijo. Por eso está asociada de un modo particular a la gloria de su resurrección. La compasión de María, que celebramos en esta fiesta, nos recuerda que al pie de la cruz la maternidad de María se extendió a todo el cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, es decir, a todos nosotros.
MARÍA. SOLIDARIA CON LOS QUE SUFREN
1Tim 1, 1-2. 12-14; Sa1 l6; Jn 19, 25-27
En sus narrativas de la pasión, los evangelistas sinópticos cuentan que los discípulos presentes en la muerte de Jesús se quedaron lejos de la cruz (p. ej. Mc 15,40; Mt 27,56; Lc 23, 49). En contraste, el evangelista Juan enfatiza que estuvieron «junto a la cruz» (19, 25). En medio de ellos se encuentra la Virgen María. Lo que narra Juan que Jesucristo dijo a la Virgen, «ahí tienes a tu hijo» (v. 26), y al discípulo amado, «ahí tienes a tu madre» (v. 27) es quizá la intención de simbolizar a la Virgen como la Madre de la Iglesia y de todos los hombres. Pero aquí Juan presenta a María como cercana y solidaria con el sufrimiento de su hijo Jesús. Incluso, todavía hoy es solidaria con nuestros sufrimientos, como una verdadera madre.
ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Lc 2, 34-35
El anciano Simeón dijo a María: Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción; y a ti, una espada te atravesará el alma.
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que quisiste que junto a tu Hijo en la cruz estuviera de pie su Madre, compartiendo su dolor, concede a tu Iglesia que, asociada con ella a la pasión de Cristo, merezca participar de su gloriosa resurrección. El, que vive y reina contigo …
LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA
Antes fui blasfemo, pero Dios tuvo misericordia de mí.
De la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo: 1, 1-2.12-14
Yo, Pablo, apóstol de Jesucristo por disposición de Dios, nuestro salvador, y de Cristo Jesús, nuestra esperanza, te deseo a ti, Timoteo, mi verdadero hijo en la fe, la gracia, la misericordia y la paz, de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús, Señor nuestro.
Doy gracias a aquel que me ha fortalecido, a nuestro Señor Jesucristo, por haberme considerado digno de confianza al ponerme a su servicio, a mí, que antes fui blasfemo y perseguí a la Iglesia con violencia; pero Dios tuvo misericordia de mí, porque en mi incredulidad obré por ignorancia, y la gracia de nuestro Señor se desbordó sobre mí, al darme la fe y el amor que provienen de Cristo Jesús. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 15, 1-2a. 5. 7-8. 11.
R/. Nuestra vida está en manos del Señor.
Protégeme, Dios mío, pues eres mi refugio. Yo siempre he dicho que tú eres mi Señor. El Señor es la parte que me ha tocado en herencia: mi vida está en sus manos. R/.
Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor y con él a mi lado jamás tropezaré. R/.
Enséñame el camino de la vida, sáciame de gozo en tu presencia y de alegría perpetua junto a ti. R/.
SECUENCIA (Lecc. II, p. 1120)
Esta secuencia es opcional, tanto en su forma larga como en su forma breve, desde * ¡Oh dulce fuente de amor!
| La Madre piadosa estaba | Por los pecados del mundo, |
| junto a la cruz, y lloraba | vio a Jesús en tan profundo |
| mientras el Hijo pendía; | tormento la dulce Madre. |
| cuya alma triste y llorosa, | Vio morir al Hijo amado |
| traspasada y dolorosa, | que rindió desamparado |
| fiero cuchillo tenía. | el espíritu a su Padre. |
| ¡Oh cuán triste y afligida | * ¡Oh dulce fuente de amor!, |
| estaba la Madre herida, | hazme sentir tu dolor |
| de tantos tormentos llena, | para que llore contigo. |
| cuando triste contemplaba | y que, por mi Cristo amado, |
| y dolorosa miraba | mi corazón abrasado |
| del Hijo amado la pena! | más viva en Él que conmigo. |
| ¿Y cuál hombre no llorara | Y, porque a amarlo me anime |
| si a la Madre contemplara | en mi corazón imprime |
| de Cristo en tanto dolor? | las llagas que tuvo en sí. |
| ¿Y quién no se entristeciera, | Y de tu Hijo, Señora, |
| Madre piadosa, si os viera | divide conmigo ahora |
| sujeta a tanto rigor? | las que padeció por mí. |
| Hazme contigo llorar | Haz que su cruz me enamore |
| y de veras lastimar | y que en ella viva y more |
| de sus penas mientras vivo; | de mi fe y amor indicio; |
| porque acompañar deseo | porque me inflame y encienda |
| en la cruz, donde lo veo, | y contigo me defienda |
| tu corazón compasivo. | en el día del juicio. |
| ¡Virgen de vírgenes santas!, | Haz que me ampare la muerte |
| llore ya con ansias tantas | de Cristo, cuando en tan fuerte |
| que el llanto dulce me sea; | trance, vida y alma estén; |
| porque su pasión y muerte | porque, cuando quede en calma |
| tenga en mi alma de suerte | el cuerpo, vaya mi alma |
| que siempre sus penas vea. | a su eterna gloria. Amén. |
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
R/. Aleluya, aleluya.
Dichosa la Virgen María, que sin morir, mereció la palma del martirio junto a la cruz del Señor. R/.
EVANGELIO
¿Y cuál hombre no llorara si a la Madre contemplara de Cristo en tanto dolor?
Del santo Evangelio según san Juan: 19, 25-27
En aquel tiempo, estaban junto a la cruz de Jesús, su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre: «Mujer, ahí está tu hijo». Luego dijo al discípulo: »Ahí está tu madre». Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Recibe, Dios misericordioso, las súplicas y ofrendas que te presentamos para alabanza de tu nombre, al venerar a la santísima Virgen María, a quien, bondadoso, nos entregaste como piadosísima Madre. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio de santa María Virgen (conmemoración) pp. 526-530 (527-531).
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Cfr. 1 Pedro 4, 13
Alégrense de compartir ahora los padecimientos de Cristo, para que cuando se manifieste su gloria, el júbilo de ustedes sea desbordante.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Alimentados con el sacramento de la redención eterna, te pedimos, Señor, que, al conmemorar el dolor de la santísima Virgen María, completemos, a favor de la Iglesia, lo que falta en nosotros a los padecimientos de Cristo. El, que vive y reina por los siglos de los siglos.