Que vino a revelar Cristo?

a) Vino a Revelarnos lo que es el hombre. Desde toda la historia y hasta hace muy pocos años se han escrito libros como por ejemplo el de Alexis Carrel «La incógnita del Hombre» que insistentemente vuelven a remover las antiguas preguntas iniciadas ya con tanta claridad desde los diálogos de Platon. El mismo Concilio Vaticano II (*1) dice con claridad que el hombre sigue siendo para el mismo «algo poco conocido». Cristo vino a revelarnos no solo de que estamos constituidos y las razones y tendencias con las que vivimos sino principalmente a revelarnos nuestra propia finalidad y forma de poder llegar a adquirirla. Vino a revelar en una palabra nuestro origen, nuestro peregrinar aquí en la tierra y finalmente el termino (sin termino) en una vida verdadera muy distinta de la que actualmente experimentamos. Es curioso suponiendo el mejor de los casos y que en estos se encuentren lectores asiduos de la Biblia, estos definitivamente buscarán todo lo que puedan encontrar respecto de las cosas de Dios, de Dios mismo y sus actividad y relaciones con nosotros. Es en cambio muy difícil que expresamente busquemos y encontremos la cantidad de información para poder llevar en «paz» con nosotros mismos, con los demás, y con Dios nuestra existencia aquí en la tierra. b) Vino a Revelarnos lo que es Dios. El pueblo Judío, que podríamos fijar su instauración como tal en el Monte Sinaí una vez que fueron liberados por Moisés de la esclavitud de los Egipcios es un pueblo que espera a un redentor que finalmente les lee aquello para lo que según ellos están elegidos. Después de cerca de 1,300 años llegó Jesús de Nazareth que se proclamo a sí mismo el Mesías (*2) esperado, pero que el tipo de redención que anuncia a su pueblo con intenciones de que este mismo pueblo lo difunda al mundo entero, ciertamente no era la esperada por el pueblo judío. En lo dicho en el párrafo anterior (a) pudimos entender que el hombre creado en un momento del tiempo es inmortal por tener como uno de sus constitutivos una alma espiritual creada a imagen de Dios, libre e inmortal. Por otro lado también el hombre experimenta desde las primeras horas de su existencia en este mundo su materialidad con todo lo que esto implica, entre otras cosas que es una casi continua fuente de dolor y satisfacción, desgaste e ilusión, etc. Se puede buscar, y de hecho esperaba el pueblo judío un triunfo material una plenitud aquí en la tierra en la que sometiera a todos sus enemigos y de esta manera reinara. Cristo implica en la mayor parte del contenido de su revelación que es precisamente el deseo del triunfo material y el poner ahí nuestros amores, lo que nos distancia del verdadero fin y reino al que nos quiere invitar. Fue prácticamente desoído por la totalidad el cambio de expectativa que tenían del redentor material ante un soñador de una vida futura llena de una felicidad desconocida. Dentro de esta difícil comprensión Cristo se autorevela como el Dios -AMOR- que decide crear al hombre para hacerlo participe de una vida eterna, divina igual a la misma vida de Dios. Aquí radica por un lado la admirable fe de Pedro, y la muy explicable deserción masiva de todo un pueblo que de hecho sometido bajo el poder de los romanos, esperaba liberarse de estos y dominarlos. Así nace el Cristianismo (*3)