Citas con Dios

Procura atenerte a un plan de vida, con constancia: unos minutos de oración mental; la asistencia a la Santa Misa –diaria, si te es posible– y la Comunión frecuente; acudir regularmente al Santo Sacramento del Perdón –aunque tu conciencia no te acuse de falta mortal–; la visita a Jesús en el Sagrario; el rezo y la contemplación de los misterios del Santo Rosario, y tantas prácticas estupendas que tú conoces o puedes aprender.

No han de convertirse en normas rígidas, como compartimentos estancos; señalan un itinerario flexible, acomodado a tu condición de hombre que vive en medio de la calle, con un trabajo profesional intenso, y con unos deberes y relaciones sociales que no has de descuidar, porque en esos quehaceres continúa tu encuentro con Dios. Tu plan de vida ha de ser como ese guante de goma que se adapta con perfección a la mano que lo usa.

Tampoco me olvides que lo importante no consiste en hacer muchas cosas; limítate con generosidad a aquellas que puedas cumplir cada jornada, con ganas o sin ganas. Esas prácticas te llevarán, casi sin darte cuenta, a la oración contemplativa. Brotarán de tu alma más actos de amor, jaculatorias, acciones de gracias, actos de desagravio, comuniones espirituales. Y esto, mientras atiendes tus obligaciones: al descolgar el teléfono, al subir a un medio de transporte, al cerrar o abrir una puerta, al pasar ante una iglesia, al comenzar una nueva tarea, al realizarla y al concluirla; todo lo referirás a tu Padre Dios»

San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, n.º 149

Para este plan, además de las prácticas de piedad (detalladas más abajo), es valioso incorporar la confesión frecuente (que ya te ofrecimos una guía en el apartado anterior) y el acompañamiento espiritual, de la que ahora te ofrecemos una guía para aprovecharla al máximo.

Es importante tener un acompañante espiritual, con el que platiquemos al menos cada quince dí­as, y que con sus consejos nos conduzca a puerto seguro, ya que «nadie es buen juez en causa propia».

Para elegir un acompañante espiritual, busca a alguien comprometido con su santidad y con experiencia en la vida espiritual, ya sea un sacerdote o un laico. Si es un laico, se recomienda que una mujer sea acompañada por otra mujer y un hombre por otro hombre, para mayor afinidad y comodidad.

La mayoría de estos temas están sacados del libro «Para llegar a puerto: El sentido de la ayuda espiritual», de Francisco Fernández Carvajal. Puedes ahondar más en estos temas adquiriendo el libro, por ejemplo, en Google Play dando clic aquí.

Resulta útil revisar estos puntos en la presencia de Dios antes de la sesión de acompañamiento espiritual, tomando notas para compartirlas durante el encuentro. También es recomendable anotar los consejos recibidos, para tenerlos presentes durante el próximo período de lucha y en la siguiente sesión de acompañamiento espiritual.

Además de abordar los temas sugeridos a continuación, es útil compartir en la sesión cómo se han aplicado los consejos de la reunión anterior y los avances en el examen particular. Este consiste en un propósito diario para fomentar una virtud o corregir un defecto, definido como objetivo principal en cada sesión de acompañamiento espiritual.

1. Oración (cómo la has hecho, temas hablados con el Señor, propósitos, qué te dice el Señor)

2. Vida de fe (presencia de Dios, fe en Dios)

3. La Pureza (como se está viviendo la virtud de la castidad)

4. Vocación (el camino al que uno es llamado)

5. Mortificación. Encuentro con la cruz (voluntarias y pasivas, interior)

6. Conocimiento propio y exámenes de conciencia (general y particular; el examen general es el examen de conciencia al terminar el dí­a, el particular es mencionado arriba)

7. Caridad, apostolado, planes de amistad y encargo apostólico

8. Familia (trato, fines de semana, educación de los hijos)

9. Preocupaciones, alegrías y tristezas

10. Amor a la Iglesia (al Papa y obispos) y comunión de los santos

11. Tibieza y aburguesamiento

12. Humildad y olvido de sí­

13. Pobreza y desprendimiento

14. Trabajo (cosas pequeñas, encontrar al Señor, ejercer la caridad, medio de santidad y apostolado)

15. Salud. Enfermedad (también medio de apostolado). Descanso (santificarlo)

16. Plan de prácticas de piedad

Prácticas de piedad básicas para tu plan de vida espiritual:

Si es posible de rodillas, después de despertarte:

Todos mis pensamientos, palabras y obras de este día, te los ofrezco, Señor, y el alma mía.

Antes de ingerir los alimentos:

V. Bendice Señor a nosotros y a estos alimentos que por tu bondad vamos a tomar.

R. Amén.

V. El Rey de la Gloria eterna nos haga partícipes de su mesa celestial.

R. Amén.

Después de ingerir los alimentos:

V. Te damos gracias, Omnipotente Dios, por todos tus beneficios. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.

R. Amén.

V. El Señor nos dé su paz.

R. Y la vida eterna. Amén.

Se reza a las 12 hrs. Y el Regina Coeli, que viene al final, se reza en su lugar durante los 50 días de Pascua:

V. El Ángel del Señor anunció a María.

R. Y concibió por obra del Espíritu Santo.

Dios te Salve María,…

V. He aquí la esclava del Señor

R. Hágase en mi según tu palabra.

Dios te Salve María,…

V. Y el Verbo se hizo carne.

R. Y habitó entre nosotros.

Dios te Salve María,…

V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.

R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oración:

Te suplicamos, Señor, que derrames tu gracia en nuestras almas para que los que, por el anuncio del Ángel, hemos conocido la Encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su Pasión y Cruz seamos llevados a la gloria de su Resurrección. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor.

R. Amén.

 

Regina Coeli (durante los 50 días de Pascua):

V. Alégrate, Reina del cielo; aleluya,

R. Porque el que mereciste llevar en tu seno; aleluya.

V. Ha resucitado, según predijo; aleluya.

R. Ruega por nosotros a Dios; aleluya.

V. Gózate y alégrate, Virgen María; aleluya.

R. Porque ha resucitado Dios verdaderamente; aleluya.

Oración

Oh Dios, que por la resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, te has dignado dar la alegría al mundo, concédenos que por su Madre, la Virgen María, alcancemos el goce de la vida eterna. Por el mismo Cristo Nuestro Señor.

R. Amén.

V. En los cielos y en la tierra sea para siempre alabado.

R. El corazón amoroso de Jesús Sacramentado.

Padrenuestro…

Dios te salve María…

Gloria…

(lo anterior se repite tres veces).

V. En los cielos y en la tierra sea para siempre alabado.

R. El corazón amoroso de Jesús Sacramentado.

Comunión espiritual:

Yo quisiera, Señor, recibirte con aquella pureza, humildad y devoción con que te recibió tu Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos.

Oración inicial y final para platicar con Dios cada día (se recomienda tiempo fijo: 15′, 30′, etc y hora fija, por la mañana y/o por la tarde)

Al comenzar:

– Por la señal de la Santa Cruz + de nuestros enemigos + líbranos, Señor, Dios nuestro + En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo + Amén.

– Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración.

Madre mía Inmaculada, San José, mi Padre y Señor, Ángel de mi guarda interceded por mí.

Al terminar:

– Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra.

Madre mía Inmaculada, San José, mi Padre y Señor, Ángel de mi guarda interceded por mí.

Es muy útil hacer una evaluación ante Dios, durante unos 3 minutos para que nos sirva de aprendizaje, agradezcamos o pidamos perdón a Dios por distintos comportamientos que tuvimos, y algunas veces puede servir hacer un propósito para el día siguiente.

El examen se ajusta a cada persona. Por ejemplo, el primer domingo de cada mes puedes fijarte unas preguntas para ese mes, y así lo vas actualizando a tus circunstancias. 

Y en lugar de lo anterior, también puede servir que te hagas tres preguntas:

1. ¿Qué hice bien?

2. ¿Qué hice mal?

3. ¿Qué puedo hacer mejor?

Si es posible de rodillas:

Rezar tres Ave Marías por la virtud de la Santa Pureza.

Así como rociar la cama con agua bendita y con los dedos mojados de agua bendita signarse con la señal de la Cruz.

Si has afianzado las prácticas anteriores y quieres integrar nuevas durante la semana, te proponemos las siguientes:

La Santa Misa ofrece ofrece múltiples gracias y beneficios espirituales, por lo que se si puedes asistir más días en la semana será un gran beneficio para tu vida espiritual. Así como comulgar, para alimentar tu alma.

Te recomendamos seguir la Misa con el Misal disponible en este sitio web, ya que te ayudará a participar más plenamente al estar más atento a las partes fijas y variables de la Misa del día. Así como estas oraciones para preparar la Santa Misa y para la acción de gracias después de comulgar que también encuentras arriba del calendario del Misal.

Para tu formación, es muy útil que cada día leas un libro espiritual durante unos 12 minutos, y el Nuevo Testamento, durante unos 3 minutos. Así podrás aprender muchas cosas para tu vida interior y tu apostolado, y tener la vida de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, más presente en tu vida, para actuar como lo haría Jesús en cada momento.

Puedes bajar aquí varios libros gratuitos: clic aquí.

Para elegir libros de espiritualidad por etapas de la vida cristiana: clic aquí.

Puedes bajar aquí esta versión gratuita de los Evangelios:

Versión Latinoamérica: clic aquí.

Versión España: clic aquí.

Devociones por día:

Algunos cristianos tienen la costumbre de rezar y meditar el Salmo 2 los martes.

Ant.: Su reinado es sempiterno; y todos los reyes le servirán y le acatarán. (T. P. Aleluya).

1. ¿Por qué se han amotinado las naciones, y los pueblos meditaron cosas vanas?

2. Se alzan los reyes de la tierra, y los príncipes se confabulan contra el Señor y contra su Ungido.

3. «Rompamos, dijeron, sus ataduras, y sacudamos lejos de nosotros su yugo».

4. El que habita en los cielos se reirá de ellos, se burlará de ellos el Señor.

5. Entonces les hablará en su indignación, y les llenará de terror con su ira.

6. «Mas yo constituí mi rey sobre Sión, mi monte santo».

7. Predicaré su decreto. A mí me ha dicho el Señor: «Tú eres mi hijo; yo te he engendrado hoy.

8. Pídeme, y te daré las naciones en herencia, y extenderé tus dominios hasta los confines de la tierra.

9. Los regirás con vara de hierro, y como a vaso de alfarero los romperás».

10. Ahora, pues, ¡oh reyes!, entendedlo bien: dejaos instruir, los que juzgáis la tierra.

11. Servid al Señor con temor, y ensalzadle con temblor santo.

12. Abrazad la buena doctrina, no sea que al fin se enoje, y perezcáis fuera del camino, cuando, dentro de poco, se inflame su ira. Bien­aven­turados serán los que hayan puesto en él su confianza.

13. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

14. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona. Su reinado es sempiterno; y todos los reyes le servirán y le acatarán. (T. P. Aleluya).

V/. Señor, escucha mi oración.

R/. Y llegue a ti mi clamor.

Los sacerdotes añaden:

V/. El Señor esté con ustedes.

R/. Y con tu espíritu.

ORACIÓN:

Omnipotente y sempiterno Dios, que en tu amado Hijo, Rey universal, quisiste instaurarlo todo: concédenos propicio que todos los pueblos, disgregados por la herida del pecado, se sometan a su suavísimo imperio: que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

R/. Amén.

Algunos cristianos tienen la costumbre de rezar y meditar el Adóro te devóte los jueves (día eucarístico).

Es uno de los cinco himnos que Santo Tomás de Aquino compuso en honor de Jesús en el Santísimo Sacramento a solicitud del Papa Urbano IV con motivo de haber establecido por primera vez la Fiesta del Corpus Christi en 1264. El himno se encuentra en el Misal Romano como una oración de acción de gracias, después de la Misa una indulgencia parcial se concede a los fieles que recen con devoción este himno.

Adoro te devote

1. Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto ver­da­de­ramente bajo estas apariencias. A ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente al con­tem­plarte.

2. Al juzgar de ti se equivocan la vista, el tacto, el gusto; pero basta con el oído para creer con firmeza. Creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios: nada es más verdadero que esta palabra de verdad.

3. En la Cruz se escondía sólo la divinidad, pero aquí también se esconde la humanidad. Creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió el ladrón arrepentido.

4. No veo las llagas como las vio Tomás, pero confieso que eres mi Dios. Haz que yo crea más y más en ti, que en ti espere, que te ame.

5. ¡Oh memorial de la muerte del Señor! Pan vivo que da la vida al hombre. Concédele a mi alma que de ti viva, y que siempre saboree tu dulzura.

6. Señor Jesús, bondadoso pelícano, límpiame, a mí, inmundo, con tu sangre: de la que una sola gota puede liberar de todos los crímenes al mundo entero.

7. Jesús, a quien ahora veo escondido, te ruego que se cumpla lo que tanto ansío: que al mirar tu rostro ya no oculto, sea yo feliz viendo tu gloria. Amén.

El sábado es el día de la semana dedicada a la Virgen, algunos cristianos tienen la costumbre de rezarle la Salve.

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve.

A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos.

Y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María!

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.

Para que nos hagamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.
Amén.

Algunos cristianos lo rezan los terceros domingos de mes en honor de la Santísima Trinidad.

El Símbolo Quicumque es una profesión de fe que también se ha denominado Símbolo Atanasiano por haber sido atribuido durante toda la Edad Media al obispo de Alejandría san Atanasio. A pesar de no haber sido redactado por ningún concilio ecuménico, «de hecho, este símbolo alcanzó tanta autoridad en la Iglesia, tanto occidental como oriental, que entró en el uso litúrgico y ha de tenerse por verdadera definición de fe». Recibe el nombre de Quicumque por la palabra con la que comienza en latín. 

Ant. Gloria a ti, Trinidad igual, única Deidad, antes de los siglos, y ahora, y siempre. (T. P. Aleluya).

1. Todo el que quiera salvarse, es preciso ante todo que profese la fe católica:

2. Pues quien no la observe íntegra y sin tacha, sin duda alguna perecerá eternamente.

3. Y ésta es la fe católica: que veneremos a un solo Dios en la Trinidad santísima y a la Trinidad en la unidad.

4. Sin confundir las personas, ni separar la sustancia.

5. Porque una es la persona del Padre, otra la del Hijo y otra la del Espíritu Santo.

6. Pero el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son una sola divinidad, les corresponde igual gloria y majestad eterna.

7. Cual es el Padre, tal es el Hijo, tal el Espíritu Santo.

8. Increado el Padre, increado el Hijo, increado el Espíritu Santo.

9. Inmenso el Padre, inmenso el Hijo, inmenso el Espíritu Santo.

10. Eterno el Padre, eterno el Hijo, eterno el Espíritu Santo.

11. Y, sin embargo, no son tres eternos, sino un solo eterno.

12. De la misma manera, no tres increados, ni tres inmensos, sino un increado y un inmenso.

13. Igualmente omnipotente el Padre, omnipotente el Hijo, omnipotente el Espíritu Santo.

14. Y, sin embargo, no tres omnipotentes, sino un omnipotente.

15. Del mismo modo, el Padre es Dios, el Hijo es Dios, el Espíritu Santo es Dios.

16. Y, sin embargo, no son tres Dioses, sino un solo Dios.

17. Así, el Padre es Señor, el Hijo es Señor, el Espíritu Santo es Señor.

18. Y, sin embargo, no son tres Señores, sino un solo Señor.

19. Porque así como la verdad cristiana nos obliga a creer que cada persona es Dios y Señor, la religión católica nos prohíbe que hablemos de tres Dioses o Señores.

20. El Padre no ha sido hecho por nadie, ni creado, ni engendrado.

21. El Hijo procede solamente del Padre, no hecho, ni creado, sino engendrado.

22. El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, no hecho, ni creado, ni engendrado, sino procedente.

23. Por tanto hay un solo Padre, no tres Padres; un Hijo, no tres Hijos; un Espíritu Santo, no tres Espíritus Santos.

24. Y en esta Trinidad nada hay anterior o posterior, nada mayor o menor: pues las tres personas son coeternas e iguales entre sí.

25. De tal manera que, como ya se ha dicho antes, hemos de venerar la unidad en la Trinidad y la Trinidad en la unidad.

26. Por tanto, quien quiera salvarse, es necesario que crea estas cosas sobre la Trinidad.

27. Pero para alcanzar la salvación eterna es preciso también creer firmemente en la encarnación de nuestro Señor Jesucristo.

28. La fe verdadera consiste en que creamos y confesemos que nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, es Dios y Hombre.

29. Es Dios, engendrado de la misma sustancia que el Padre, antes del tiempo; y hombre, engendrado de la sustancia de su Madre santísima en el tiempo.

30. Perfecto Dios y perfecto hombre: que subsiste con alma racional y carne humana.

31. Es igual al Padre según la divinidad; menor que el Padre según la humanidad.

32. El cual, aunque es Dios y hombre, no son dos Cristos, sino un solo Cristo.

33. Uno, no por conversión de la divinidad en cuerpo, sino por asunción de la humanidad en Dios.

34. Uno absolutamente, no por confusión de sustancia, sino en la unidad de la persona.

35. Pues como el alma racional y el cuerpo forman un hombre; así, Cristo es uno, siendo Dios y hombre.

36. Que padeció por nuestra salvación: descendió a los infiernos y al tercer día resucitó de entre los muertos.

37. Subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso: desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.

38. Y cuando venga, todos los hombres resucitarán con sus cuerpos, y cada uno rendirá cuentas de sus propios hechos.

39. Y los que hicieron el bien gozarán de vida eterna, pero los que hicieron el mal irán al fuego eterno.

40. Esta es la fe católica, y quien no la crea fiel y firmemente no se podrá salvar.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Gloria a ti, Trinidad igual, única Deidad, antes de los siglos, y ahora, y siempre. (T. P. Aleluya).

V/. Señor, escucha mi oración.

R/. Y llegue a ti mi clamor.

Los sacerdotes añaden:

V/. El Señor esté con vosotros.

R/. Y con tu espíritu.

Oración

Oh Dios todopoderoso y eterno, que con la luz de la verdadera fe diste a tus siervos conocer la gloria de la Trinidad eterna, y adorar la Unidad en el poder de tu majestad: haz, te suplicamos, que, por la firmeza de esa misma fe, seamos defendidos siempre de toda adversidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

R/. Amén.