Domingo 6 de julio de 2025
XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Una misión, a la vez, «ardua» y «estupenda»…
La página evangélica de hoy nos
hace comprender cuán necesario es
invocar a Dios, el dueño de la mies,
«que envíe trabajadores a sus campos»…
Los «obreros» de los que habla Jesús son
los misioneros del Reino de Dios, a los
que Él mismo llamaba y enviaba «de dos
en dos, a todos los pueblos y lugares
a donde pensaba ir». Su tarea es, por
tanto, anunciar un mensaje de salvación
dirigido a todos. Y éste es el don que nos
da Jesús con el Espíritu Santo. Este
anuncio es el de decir: «Ya se acerca a
ustedes el Reino de Dios»… En efecto,
Jesús ha «acercado» a Dios a nosotros.
En Jesús, Dios reina en medio de nosotros, su amor misericordioso
vence el pecado y la miseria humana.
A partir de las muy detalladas recomendaciones que Jesús hace
a sus discípulos, podemos darnos cuenta de que la tarea no es nada
fácil e implica muchos riesgos. Nos damos cuenta también de que este
«Reino» se construye día a día y ofrece ya en esta tierra sus frutos de
conversión, de purificación, de amor y de consolación entre los hombres…
Y es entonces que nos preguntamos: ¿Con qué espíritu el discípulo de
Jesús deberá desarrollar esta misión? La respuesta es clara: Ante todo,
deberá tener conciencia –como la tuvieron los cristianos de los inicios
y de todos los siglos– de la inevitable realidad hostil que le espera.
Por ello, los obreros del Evangelio se esforzarán en estar libres
de condicionamientos humanos de todo tipo, no llevando «ni dinero,
ni morral, ni sandalias», como ha recomendado Jesús, para confiar
sólo en el poder de la Cruz de Cristo. Así podrán ser instrumentos
humildes de la salvación obrada por el sacrificio de Jesús… La misión
del cristiano en el mundo es una misión ardua y estupenda a la vez.
Es una misión destinada a todos, una misión de servicio, sin excluir
a nadie. Una misión que requiere mucha generosidad y, sobre todo,
que pide elevar la mirada y el corazón, para invocar siempre la ayuda
del Señor… ¡Hay tanta necesidad de cristianos que testimonien con
alegría el Evangelio en la vida de cada día! Roguemos, pues, al Señor
–por intercesión de la Virgen María, nuestra madre– para que no falten
nunca en la Iglesia corazones generosos, que trabajen para llevar a
todos el amor y la ternura del Padre celeste. [Sintetizado de: Papa
Francisco, Ángelus, 3-VII-2016].
MONICIONES:
ENTRADA: Como miembros de una Iglesia misionera, nos
reunimos en torno a nuestro divino Maestro para asumir las
principales exigencias de esta hermosa encomienda… La tarea de
anunciar al mundo su alegre mensaje –con nuestras palabras,
pero sobre todo con nuestra forma de vivir– sólo lo podremos
alcanzar si nos damos cuenta de que ser «obreros de su viña»
es, al mismo tiempo, un gran don y un gran privilegio.
1ª. LECTURA: [Is 66, 10-14c] El profeta Isaías no duda en
presentar a Dios como una madre llena de ternura para con
su pueblo… Es la imagen de un Dios que ofrece su consuelo
a quienes vuelven del exilio, dispuestos a empezar de nuevo.
2ª. LECTURA: [Gal 6, 14-18] Al final de la carta a los Gálatas
San Pablo les recuerda que entre el cristiano y el mundo está
la cruz de Cristo… Seguir a Cristo y anunciarlo a los demás,
siempre los dejará marcados como «criaturas nuevas».
EVANGELIO: [Lc 10, 1-12. 17-20] Sólo San Lucas nos refiere
el pasaje de la misión de los setenta y dos discípulos… El gozo
de estos “aprendices” de misioneros no se basa en los medios
humanos sino en la confianza total en quien los envía.
OFRENDAS: El anuncio del Evangelio ha de realizarse con
medios “pobres”, como pobres son siempre nuestras ofrendas
de pan y de vino… Junto con ellos llevemos al altar nuestros
propósitos de compartir un amor solidario con los necesitados.
COMUNIÓN: La fecundidad de la obra evangelizadora nace
del contacto personal con Dios, que en Cristo se hace vivo y
presente… ¡Agradezcámosle al Señor el que nos permita participar
de nuevo en este celestial banquete!
DESPEDIDA: Como bautizados, todos somos enviados a ser
portadores de la paz y del amor de Dios… Sólo de la Cruz de
Cristo podremos obtener la fuerza para ser testigos de la alegría
de la Pascua ante los que nos rodean.
domingo 6 de julio de 2025
6 domingo
Verde
XIV DEL TIEMPO ORDINARIO
[Se suprime la Memoria de SANTA MARÍA
GORETTI, Virgen y Mártir]
MR p. 426 [724] / Lecc. II p. 236. LH Semana II del Salterio.
ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 47, 10-11
Meditamos, Señor, los dones de tu amor, en medio de tu templo.
Tu alabanza llega hasta los confines de la tierra como tu fama.
Tu diestra está llena de justicia.
Se dice Gloria.
ORACIÓN COLECTA
Señor Dios, que por medio de la humillación de tu Hijo
reconstruiste el mundo derrumbado, concede a tus fieles una
santa alegría para que, a quienes rescataste de la esclavitud del
pecado, nos hagas disfrutar del gozo que no tiene fin. Por nuestro
Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad
del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
PRIMERA LECTURA
[Yo haré correr la paz sobre ella como un río.]
Del libro del profeta Isaías 66, 10-14c
Alégrense con Jerusalén, gocen con ella todos los que la aman,
alégrense de su alegría todos los que por ella llevaron luto, para
que se alimenten de sus pechos, se llenen de sus consuelos y se
deleiten con la abundancia de su gloria.
Porque dice el Señor: “Yo haré correr la paz sobre ella como
un río y la gloria de las naciones como un torrente desbordado.
Como niños serán llevados en el regazo y acariciados sobre sus
rodillas; como un hijo a quien su madre consuela, así los consolaré
yo. En Jerusalén serán ustedes consolados.
Al ver esto se alegrará su corazón y sus huesos florecerán
como un prado. Y los siervos del Señor conocerán su poder”.
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL salmo 65
R. Las obras del Señor son admirables.
Que aclame al Señor toda la tierra; celebremos su gloria y su
poder, cantemos un himno de alabanza, digamos al Señor: “Tu
obra es admirable”. R.
Que se postre ante ti la tierra entera y celebre con cánticos tu
nombre. Admiremos las obras del Señor, los prodigios que ha
hecho por los hombres. R.
El transformó el mar Rojo en tierra firme y los hizo cruzar el
Jordán a pie enjuto. Llenémonos por eso de gozo y gratitud: El
Señor es eterno y poderoso. R.
Cuantos temen a Dios vengan y escuchen, y les diré lo que
ha hecho por mí. Bendito sea Dios que no rechazó mi súplica, ni
me retiró su gracia. R.
SEGUNDA LECTURA
[Llevo en mi cuerpo la marca de los sufrimientos que he pasado
por Cristo.]
De la carta del apóstol san Pablo a los gálatas 6, 14-18
Hermanos: No permita Dios que yo me gloríe en algo que no
sea la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo está
crucificado para mí y yo para el mundo. Porque en Cristo Jesús
de nada vale el estar circuncidado o no, sino el ser una nueva
creatura.
Para todos los que vivan conforme a esta norma y también para
el verdadero Israel, la paz y la misericordia de Dios. De ahora en
adelante, que nadie me ponga más obstáculos, porque llevo en
mi cuerpo la marca de los sufrimientos que he pasado por Cristo.
Hermanos, que la gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con
ustedes. Amén. Palabra de Dios.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Col 3, 15. 16.
R. Aleluya, aleluya.
Que en sus corazones reine la paz de Cristo; que la palabra de
Cristo habite en ustedes con toda su riqueza. R. Aleluya.
Lo que va entre [ ] puede suprimirse por motivos
pastorales
EVANGELIO
[El deseo de paz de ustedes se cumplirá.]
Del santo Evangelio según san Lucas 10, 1-12. 17-20
En aquel tiempo, Jesús designó a otros setenta y dos discípulos
y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos
y lugares a donde pensaba ir, y les dijo: “La cosecha es mucha y
los trabajadores pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies
que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en camino; yo
los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero,
ni morral, ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el
camino. Cuando entren en una casa digan: ‘Que la paz reine en
esta casa’. Y si allí hay gente amante de la paz, el deseo de paz de
ustedes, se cumplirá; si no, no se cumplirá. Quédense en esa casa.
Coman y beban de lo que tengan, porque el trabajador tiene derecho
a su salario. No anden de casa en casa. En cualquier ciudad donde
entren y los reciban, coman lo que les den. Curen a los enfermos
que haya y díganles: ‘Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios’.
[Pero si entran en una ciudad y no los reciben, salgan por las
calles y digan: ‘Hasta el polvo de esta ciudad que se nos ha pegado
a los pies nos lo sacudimos, en señal de protesta contra ustedes.
De todos modos, sepan que el Reino de Dios está cerca’. Yo les
digo que en el día del juicio, Sodoma será tratada con menos
rigor que esa ciudad”.
Los setenta y dos discípulos regresaron llenos de alegría y le
dijeron a Jesús: “Señor, hasta los demonios se nos someten en
tu nombre”.
Él les contestó: “Vi a Satanás caer del cielo como el rayo. A
ustedes les he dado poder para aplastar serpientes y escorpiones
y para vencer toda la fuerza del enemigo, y nada les podrá hacer
daño. Pero no se alegren de que los demonios se les someten.
Alégrense más bien de que sus nombres están escritos en el cielo”.]
Palabra del Señor.
Se dice Credo.
ORACIÓN DE LOS FIELES:
Pidamos al Señor que escuche nuestras súplicas
y reciba benignamente nuestras oraciones:
1. Oremos a Dios por los pastores que Él ha puesto
al frente de su Iglesia. Que el Señor les dé fuerza
y sabiduría para dirigir y gobernar santamente las
comunidades que les han sido encomendadas, roguemos
al Señor.
2. Oremos para que Dios –que es la verdadera paz y
el origen de toda concordia– transmita la paz espiritual
a nuestras almas y la paz temporal a nuestros días,
roguemos al Señor.
3. Oremos por los que se han acostumbrado a vivir
en pecado, para que nuestro Señor les dé la gracia de
convertirse, purificarse en el sacramento del perdón y
alcanzar así la salvación eterna, roguemos al Señor.
4. Oremos a Dios nuestro Señor por los fíeles
difuntos, –especialmente por nuestros familiares,
amigos y bienhechores– para que el Señor los reciba
en su gloria y los coloque entre los santos y elegidos,
roguemos al Señor.
Dios nuestro, que al darnos la vocación cristiana nos
pides estar siempre dispuestos a anunciar el Evangelio,
concédenos la valentía y la libertad necesarias para
hacer presente en el mundo tu palabra de amor y tu
mensaje de paz. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
La oblación que te ofrecemos, Señor, nos purifique, y nos
haga participar, de día en día, de la vida del reino glorioso. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Mt 11, 28
Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la
carga, y yo les daré alivio, dice el Señor.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Señor, que nos has colmado con tantas gracias, concédenos
alcanzar los dones de la salvación y que nunca dejemos de alabarte.
Por Jesucristo, nuestro Señor.