Memoria, SAN MARTÍN DE TOURS, Obispo
Blanco. MR p. 831 [866] / Lecc. II p. 993
Santoral Reflexión del Evangelio Misal Kids — Guía ilustradaANTÍFONA DE ENTRADA (Cfr. 1 Sam 2, 35)
Me suscitaré un sacerdote fiel, que obrará conforme a mi corazón, dice el Señor.
RITO INICIAL (da clic aquí)
C. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
T. Amén.
SALUDO
C. El Señor esté con ustedes.
T. Y con tu espíritu.
ACTO PENITENCIAL
C. Hermanos: Para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados.
T. Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.
C. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
T. Amén.
KYRIE
C. Señor, ten piedad.
T. Señor, ten piedad.
C. Cristo, ten piedad.
T. Cristo, ten piedad.
C. Señor, ten piedad.
T. Señor, ten piedad.
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que has sido glorificado tanto por la vida como por la muerte del obispo san Martín de Tours, renueva en nuestros corazones las maravillas de tu gracia, para que ni la vida ni la muerte puedan separarnos de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo…
PRIMERA LECTURA
[Andábamos perdidos, pero Cristo nos salvó por su misericordia.]
De la carta del apóstol san Pablo a Tito 3, 1-7
Querido hermano: Recuérdales a todos que deben someterse a los gobernantes y a las autoridades, que sean obedientes, que estén dispuestos para toda clase de obras buenas, que no insulten a nadie, que eviten los pleitos, que sean sencillos y traten a todos con amabilidad.
Porque hubo un tiempo en que también nosotros fuimos insensatos y rebeldes con Dios; andábamos descarriados y éramos esclavos de todo género de pasiones y placeres; vivíamos una vida llena de maldad y de envidia; éramos abominables y nos odiábamos los unos a los otros.
Pero, al manifestarse la bondad de Dios, nuestro salvador, y su amor a los hombres, él nos salvó, no porque nosotros hubiéramos hecho algo digno de merecerlo, sino por su misericordia. Lo hizo mediante el bautismo, que nos regenera y nos renueva, por la acción del Espíritu Santo, a quien Dios derramó abundantemente sobre nosotros, por Cristo, nuestro salvador. Así, justificados por su gracia, nos convertiremos en herederos, cuando se realice la esperanza de la vida eterna.
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
SALMO RESPONSORIAL del salmo 22
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace reposar y hacia fuentes tranquilas me conduce para reparar mis fuerzas.
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
Por ser un Dios fiel a sus promesas, me guía por el sendero recto; así, aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú estás conmigo. Tu vara y tu cayado me dan seguridad.
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
Tú mismo me preparas la mesa, a despecho de mis adversarios; me unges la cabeza con perfume y llenas mi copa hasta los bordes.
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
Tu bondad y tu misericordia me acompañarán todos los días de mi vida; y viviré en la casa del Señor por años sin término.
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO (1 Tes 5, 18)
R. Aleluya, aleluya.
Den gracias siempre, unidos a Cristo Jesús, pues esto es lo que Dios quiere que ustedes hagan.
R. Aleluya.
EVANGELIO
[¿No ha habido nadie, fuera de este extranjero, que volviera para dar gloria a Dios?]
Del santo Evangelio según san Lucas 17, 11-19
R. Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, cuando Jesús iba de camino a Jerusalén, pasó entre Samaria y Galilea. Estaba cerca de un pueblo, cuando le salieron al encuentro diez leprosos, los cuales se detuvieron a lo lejos y a gritos le decían: “¡Jesús, maestro, ten compasión de nosotros!”.
Al verlos, Jesús les dijo: “Vayan a presentarse a los sacerdotes”. Mientras iban de camino, quedaron limpios de la lepra.
Uno de ellos, al ver que estaba curado, regresó, alabando a Dios en voz alta, se postró a los pies de Jesús y le dio las gracias. Ese era un samaritano. Entonces dijo Jesús: “¿No eran diez los que quedaron limpios? ¿Dónde están los otros nueve? ¿No ha habido nadie, fuera de este extranjero, que volviera para dar gloria a Dios?” Después le dijo al samaritano: “Levántate y vete. Tu fe te ha salvado”.
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
PLEGARIA UNIVERSAL (oración de los fieles)
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