Santoral 1 de Mayo

MIÉRCOLES 1

Memoria de san José Obrero

Blanco Feria de Pascua MR, p. 737 (724) / Lecc. I, pp. 917 Y 1011

Otros santos: Juan Luis Bonnard, presbítero de la Sociedad de Misiones Extrajeras de París y mártir; Ricardo Pampuri, presbítero de la Orden de San Juan de Dios. Beato Clemente Septyckyj, abad estudita y mártir.

SAN JUAN-LUIS BONNARD, del hebreo, «Dios ha hecho gracia» y del germánico, «guerrero ilustre» (1824-1852). Presbítero de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París y mártir. Nació en Saint Cristôt-en-Jarret, Francia. Ingresó al seminario diocesano de Alix, luego al de Lyon; al sentir que su vocación era ser misionero, en 1846 se incorporó al seminario del Instituto de Misiones Extranjeras de París. Dos años después recibió el Orden sacerdotal. Fue comisionado a servir en Annam, Indochina (actual Vietnam), evangelizó los poblados de Kebangy Ketrinh. Fue ejemplar su labor como pastor, la cual completó con labores educativas. El 21 de marzo de 1852, cuando se encontraba en la aldea de Boi-Xuyen bautizando a niños, llegó un mandarín con un grupo de soldados y lo apresaron. Fue llevado a Nadinh, donde se le encarceló, se le juzgó y condenó a muerte por ser sacerdote. Se le decapitó y sus restos arrojados a un río; piadosos cristianos recuperaron el cadáver y lo llevaron al colegio de Vinhtri. Es uno de los 117 mártires de Vietnam canonizados el 19 de junio de 1988 por san Juan Pablo II.

SAN JOSÉ OBRERO, Plegaria: «Salve, custodio del Redentor y esposo de la Virgen María. A ti Dios confió a su Hijo, en ti María depositó su confianza, contigo Cristo se forjó como hombre. Oh, bienaventurado José, muéstrate, padre también a nosotros y guíanos en el camino de la vida». Papa Francisco, Patris Carde. Santa Teresa de Jesús, y san José. La doctora de la Iglesia, ferviente devota del padre terrenal de Jesús, expone: «Tomé por abogado y señor al glorioso san José, y me encomendé mucho a él. Comencé a hacer devociones de Misas y cosas muy aprobadas de oraciones, y tomé por abogado a san José… y él hizo, como quien es, que pudiese levantarme y andar y no estar tullida […]. No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer […]. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado Santo, de los peligros que me ha librado, así de cuerpo como de alma».