Santoral 1 de Noviembre

SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS. «La solemnidad de Todos los Santos se fue consolidando como celebración colectiva de los mártires durante el primer milenio cristiano. En el año 609, en Roma, el Papa Bonifacio IV consagró el Panteón, dedicándolo a la Virgen María y a todos los mártires. Por lo demás, podemos entender este martirio en sentido amplio, es decir, como amor a Cristo sin reservas, amor que se expresa en la entrega total del sí a Dios y a los hermanos. Esta meta espiritual, a la que tienden todos los bautizados, se alcanza siguiendo el camino de las ‘bienaventuranzas’ evangélicas, que la liturgia nos indica en la solemnidad de hoy (Mt 5, 1-12). Es el mismo camino trazado por Jesús y que los santos y santas se han esforzado por recorrer, aun conscientes de sus límites humanos». Benedicto XVI (2008).

BEATO RUPERTO MAYER «el Apóstol de Múnich», variante de Roberto, del germánico, «el que brilla por su fama» (1876-1945). Presbítero de la Compañía de Jesús y mártir. Oriundo de Stuttgart, Alemania. Cursó su preparación para el sacerdocio en Fribourg, Munich y Turingia, hasta ordenarse en Rottenburg (1899); al año siguiente ingresó en la Compañía de Jesús. Ejerció su ministerio como capellán y misionero en diversas poblaciones germanas. Posteriormente, se le envió como predicador a Múnich ahí estableció la comunidad de Hermanos de la Sagrada Familia. En un combate de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), una metralla le arrancó la pierna izquierda, enfermó de gravedad y regresó a Múnich en 1917. Ocupó diversos cargos y dirigió Caritas. Fue el primer capellán militar católico condecorado por su destacado trabajo asistencial. Vivió los conflictos de la posguerra en Baviera, así como el avance de los nazis en su patria. En su prédica denunció la política infrahumana del Tercer Reich. Al no acatar la disposición de contener las censuras contra el gobierno se le apresó en 1938 y en 1939; pero persistió en su misión, se le volvió a arrestar y fue llevado al campo de concentración berlinés de Sachsenhausen y confinado en una celda de aislamiento. Con la salud debilitada, la herida de la pierna amputada infectada, mal alimentado y padeciendo condiciones infrahumanas en la prisión, casi murió; pero, para evitar su muerte y convertido en mártir, se le remitió al monasterio benedictino bávaro de Etal. Al finalizar la conflagración y hasta su deceso radicó en Múnich, donde atendió sin descanso a heridos y repatriados. Por las condiciones sufridas en prisión sufrió ataques de afasia (pérdida de la palabra). Se le reconoce como «el Apóstol de Múnich». Fue beatificado en 1987 por san Juan Pablo II.

Otros Santos: Jerónimo Hermosilla, presbítero de la Orden de Predicadores y mártir. Beato Teodoro Romza, obispo y mártir.