SOLEMNIDAD, NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE, PATRONA DE AMÉRICA: su Santidad Francisco, el año 2013, subrayó: «La venerada imagen de la Morenita del Tepeyac, de rostro dulce y sereno, impresa en la tilma del indio san Juan Diego, se presenta como ‘la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios por quien se vive’ (De la lectura del Oficio. Nicán Mopohua, 12a ed., Ciudad de México, 1971, pp. 3-19). Ella evoca a la ‘mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza, que está encinta’ (Apoc 12,1-2) y señala la presencia del Salvador a su población indígena y mestiza. Ella nos conduce siempre a su divino Hijo, el cual se revela como fundamento de la dignidad de todos, como un amor más fuerte que las potencias del mal y de la muerte, siendo también fuente de gozo, confianza filial, consuelo y esperanza».
Historia: Un sábado de 1531 a principios de diciembre, un indio llamado Juan Diego, iba muy de madrugada del pueblo en que residía a la ciudad de México a asistir a sus clases de catecismo y a oír la Santa Misa. Al llegar junto al cerro llamado Tepeyac amanecía y escuchó una voz que lo llamaba por su nombre.
Él subió a la cumbre y vio a una Señora de sobrehumana belleza, cuyo vestido era brillante como el sol, la cual con palabras muy amables y atentas le dijo: «Juanito: el más pequeño de mis hijos, yo soy la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios, por quien se vive. Deseo vivamente que se me construya aquí un templo, para en él mostrar y prodigar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa a todos los moradores de esta tierra y a todos los que me invoquen y en Mí confíen. Ve donde el Señor Obispo y dile que deseo un templo en este llano. Anda y pon en ello todo tu esfuerzo».
De regreso a su pueblo Juan Diego se encontró de nuevo con la Virgen María y le explicó lo ocurrido. La Virgen le pidió que al día siguiente fuera nuevamente a hablar con el obispo y le repitiera el mensaje. Esta vez el obispo, luego de oir a Juan Diego le dijo que debía ir y decirle a la Señora que le diese alguna señal que probara que era la Madre de Dios y que era su voluntad que se le construyera un templo.
De regreso, Juan Diego halló a María y le narró los hechos. La Virgen le mandó que volviese al día siguiente al mismo lugar pues allí le daría la señal. Al día siguiente Juan Diego no pudo volver al cerro pues su tío Juan Bernardino estaba muy enfermo. La madrugada del 12 de diciembre Juan Diego marchó a toda prisa para conseguir un sacerdote a su tío pues se estaba muriendo. Al llegar al lugar por donde debía encontrarse con la Señora prefirió tomar otro camino para evitarla. De pronto María salió a su encuentro y le preguntó a dónde iba.
El indio avergonzado le explicó lo que ocurría. La Virgen dijo a Juan Diego que no se preocupara, que su tío no moriría y que ya estaba sano. Entonces el indio le pidió la señal que debía llevar al obispo. María le dijo que subiera a la cumbre del cerro donde halló rosas de Castilla frescas y poniéndose la tilma, cortó cuantas pudo y se las llevó al obispo.
Una vez ante Monseñor Zumarraga Juan Diego desplegó su manta, cayeron al suelo las rosas y en la tilma estaba pintada con lo que hoy se conoce como la imagen de la Virgen de Guadalupe. Viendo esto, el obispo llevó la imagen santa a la Iglesia Mayor y edificó una ermita en el lugar que había señalado el indio.
Pio X la proclamó como «Patrona de toda la América Latina», Pio XI de todas las «Américas», Pio XII la llamó «Emperatriz de las Américas» y Juan XXIII «La Misionera Celeste del Nuevo Mundo» y «la Madre de las Américas».
La imagen de la Virgen de Guadalupe se venera en México con grandísima devoción, y los milagros obtenidos por los que rezan a la Virgen de Guadalupe son extraordinarios.
BEATO CONRADO DE OFFIDA, del germánico, Kuonrat, de kuoni, «atrevido, temerario» y rat, «consejo, consejero», «atrevido en el consejo». Religioso de la Orden de Hermanos Menores (1241-1306). Nativo de la población italiana de Ascoli Piceno. Se desconocen pormenores de su vida hasta que, en 1255, ingresó a la comunidad de los Hermanos Menores, donde optó por permanecer como lego, no profesar y dedicarse a servir en el monasterio desempeñando las más humildes labores. Pese a este rasgo de sencillez, era notable su inteligencia. Sin precisarse fecha, continuó su servicio en el convento de Forazo, donde permaneció durante una década y fue admirado por su inteligencia y sencillez; en este monasterio se le atestiguaron hechos fuera del alcance del intelecto humano. De ahí se le destinó a La Verna, en donde -dadas sus excepcionales dotes intelectuales y espirituales-, se le indicó que debía continuar sus estudios y ordenarse sacerdote. Concluida su preparación, se le encargó predicar la Palabra, labor donde cosechó excepcionales frutos. Su vida plena de logros espirituales para sí y para sus feligreses, así como una extrema humildad -durante su vida usó el mismo hábito y siempre anduvo descalzo-, llegó a su fin cuando predicaba en la comunidad de Bastia, vecina de Asís. El Papa Pío VII (1800-1823), le concedió oficio y misa propios en 1817.
Otro santo: San Simón Phan Dác Hóa, padre de familia, médico y mártir.