EL SANTÍSIMO NOMBRE DE MARÍA. El protoevangelio de Santiago (escrito apócrifo del s. II) indica que los padres de María eran «Joaquín y Ana (…) estériles y de edad. Joaquín va a llorar su desgracia al desierto. Durante este tiempo, Ana también se lamenta. Y he aquí que se presentó un ángel de Dios, diciéndole: “Ana, el Señor ha escuchado tu ruego: concebirás y darás a luz y de tu prole se hablará en todo el mundo»’. A la niña pusieron María, nombre al que teólogos y marianistas conceden diferentes acepciones, orígenes y relacionan con antiguas profecías. Esta festividad fue extendida a la Iglesia universal por el beato pontífice Inocencio XI (1676-1689; 12 de agosto) en 1683. Son numerosos los santos que han enaltecido el nombre de María; por ejemplo: San Pedro Canisio afirma: «El nombre es símbolo y cifra de la persona, invocar el nombre de María equivale a empeñar su poder en favor nuestro». San Buenaventura expresa: «Bienaventurado el que ama vuestro nombre ¡oh, María!, porque es fuente de gracia que refresca el alma sedienta y la hace reportar frutos de justicia». San Agustín y San Juan Crisóstomo le conceden la acepción de «Señora y Maestra». San Pedro Crisólogo señala: «El nombre de María indica castidad». Su Santidad Benedicto XVI señaló en 2009: «En el calendario de la Iglesia se recuerda hoy el Nombre de María. En ella, que estaba y está totalmente unida al Hijo, a Cristo, los hombres han encontrado en las tinieblas y en los sufrimientos de este mundo el rostro de la Madre, que nos da valentía para seguir adelante. En la tradición occidental el nombre ‘María’ se ha traducido como ‘Estrella del Mar’. Así se expresa precisamente esta experiencia: ¡cuántas veces la historia en la que vivimos aparece como un mar oscuro que azota amenazadoramente con sus olas la barca de nuestra vida! A veces la noche parece impenetrable». San Bernardo, de la homilía 2, 17, 1-33, sobre las Excelencias de la Virgen Madre, señala: «En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María. No la apartes de tu boca, no la apartes de tu corazón y, para conseguir la ayuda de su oración, no te separes del ejemplo de su vida. Si la sigues, no te extraviarás; si le suplicas, no te desesperarás; si piensas en ella, no te equivocarás; si te acoges a ella, no te derrumbarás; si te protege, no tendrás miedo; si te guía, no te cansarás; si te es favorable, alcanzarás la meta, y así experimentarás que con razón se dijo: ‘El nombre de la Virgen era María»‘.
San Guido de Anderlecht, agricultor y sacristán. Beatos: Joan Roig Diggle, joven laico mártir; María Luisa Angélica, religiosa de la Orden de San Benito.