BEATO JUAN ADALBERTO BALICKI, del hebreo, «Dios hace misericordia» del germánico, «el que brilla por la nobleza de su estirpe» (1869-1948). Presbítero. Nació en Staromiescie, Polonia. Ingresó en el seminario en 1892 y cuatro años después recibió el Orden sacerdotal, realizó su labor pastoral en la diócesis de Polna. Continuó su preparación teológica en Roma. Regresó a su país y fue docente, prefecto y, en 1928, fue designado rector del seminario. De forma paralela socorrió a enfermos y proporcionó ayuda a los necesitados. Su exhaustiva labor mermó su salud y abandonó su cargo. Entre 1934 y 1939 se concentró en confesar y ser guía espiritual. Durante su labor en el hospital civil se percató del gran número de mujeres que vivían fuera de las normas dictadas por la Iglesia y la sociedad, para
ellas fundó un centro de apoyo, orientación y ayuda. Al estallar la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y ser invadido su país por alemanes y rusos, el padre Balicki prosiguió su misión de orientar y custodiar a su grey dentro del territorio ocupado por los soviéticos, hasta que la intolerancia le obligó a recluirse en el arzobispado (1941). Protegió con todos los medios a su alcance a perseguidos políticos, prófugos y judíos, sin dejar a un lado el cuidado de pobres y enfermos. En 1948 se le diagnosticó pulmonía bilateral y tuberculosis, enfermedades que le ocasionaron la muerte. Se le conoció como el «Sacerdote santo» y la «Humildad personificada». Fue elevado a los altares por san Juan Pablo II (1978-2005; 22 de octubre) en 2002.
Otros Santos: Luisa de Marillac, «Patrona universal de las obras sociales», viuda y fundadora; Artémide Zatti, presbítero de la Sociedad de San Francisco de Sales.