DOMINGO 16
Verde Domingo XI del Tiempo Ordinario MR, p. 425 (421) / Lecc. II, p. 123
Otros santos: Ciriaco y Julita de Turquía, mártires; Lutgarda de Tongres, religiosa cisterciense; Aureliano de Arlés, obispo. Beatos: Donizetti Tavares de Lima, presbítero; María Teresa Scherer, religiosa y cofundadora.
SANTA LUTGARDA DE TONGRES, del germánico, «la morada del pueblo» (1183-1246). Religiosa cisterciense. Nació en Tongeres, Bélgica, en el seno de una familia de clase media. Debido a las ideas de su padre, Lutgarda desarrolló la vanidad. Su madre, por el contrario, deseaba que su hija creciese conforme las virtudes cristianas; por ello la inscribió en el internado de las religiosas benedictinas. La joven se las ingeniaba para convivir con sus amigas y con varios pretendientes. Al salir del internado, reflexionó acerca del sentido de su vida y decidió ingresar con las religiosas cistercienses. Desde ese momento fue ejemplo de obediencia, humildad, y piedad; atestiguaron diversas religiosas que cuando oraba un rayo de luz se posaba sobre ella. Fue tal su santidad que se le designó priora del convento de Santa Catalina. Considerándose indigna, decidió llevar una vida de mayor austeridad, renunció a su cargo y pasó al monasterio benedictino belga de Aywiéres en Bramante, donde hizo vida de extrema penitencia, realizó las labores más humildes y permaneció en el anonimato. Las monjas pretendieron que fuera abadesa; sin embargo, desconocía el francés. Lutgarda suplicó a la Virgen María que la incapacitara para tal aprendizaje, por loque, pese a que Dios le otorgó el don de lenguas, no fue capaz de aprender dicho idioma. Se dice que, en una visión, María Santísima le indicó se mantuviera en ayuno permanente para desterrar las herejías de los albigenses (albigenses o cátaros, quienes se caracterizaban por su rígido ascetismo y por su teología dual, basada en la creencia de que el universo estaba compuesto por dos mundos en conflicto, uno espiritual creado por Dios y el otro material forjado por Satán), lo cual cumplió fielmente y durante siete años sólo tomó pan y agua (fenómeno místico llamado inedia), hasta que la Madre de Jesús le indicó suspender dicho sacrificio. Fue sobresaliente su devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Partió al Reino desde el citado convento y de inmediato se inició su culto. Una de sus biografías cita que santa Lutgarda tenía, entre otros carismas: «…una devoción sensible hacia el culto eucarístico (…) una tierna devoción a la Virgen y a algunos Santos. Con un pronunciado gusto por la comunicación de gracias sobrenaturales sensibles (apariciones, visiones de Cristo niño, joven, crucificado, eucarístico; de la Virgen, de los santos); y por los fenómenos maravillosos (predicciones, curaciones, mensajes del más allá). Amén de un vivo interés por las iluminaciones interpretativas de la Sagrada Escritura. Así como por una osada libertad de espíritu en una vida pobre, humilde y ascética».