Santoral 20 de Abril

SÁBADO 20

Blanco Sábado III de Pascua MR, p. 366 (367) / Lecc. I, p. 897

Otros santos: Inés de Montepulciano, abadesa; Sara de Antioquía, mártir. Beatos: Clara Bosatta, cofundadora. Michel Coquelet, presbítero de la Orden de los Oblatos de María Inmaculada y mártir.

BEATA CLARA BOSAITA, del latín, «claro», «ilustre, brillante» (1858-1887). Cofundadora. Dina Bossata, su nombre de pila, nació en Pianillo Lario, Italia. Su padre murió en 1861 y su madre se hizo cargo del sustento familiar, Dina quedó al cuidado de su hermana mayor. Estudió en el colegio de las religiosas Canosianas; por la penosa situación económica tuvo que trabajar para solventar los gastos de su manutención y educación. Cuando cumplió la edad requerida, ingresó con las religiosas, quienes dirigían su escuela; sin embargo, debido a su carácter «reservado e introvertido», fue considerada no apta para la vida religiosa, por ello regresó a su hogar donde con su hermana formó parte del grupo Pía Unión de las Hijas de María, jóvenes que ayudaban al párroco Carlos Coppini, impartían el catecismo, realizaban visitas a enfermos y hospicios, etcétera. El sacerdote le inculcó la devoción y amor al Sagrado Corazón de Jesús y Dina tomó como modelo a santa Margarita María de Alacoque (16 de octubre). En 1878 emitió su profesión en el grupo parroquial y adoptó el nombre de sor Clara. Al morir el padre Coppini (1831), asumió el mando de la iglesia el capellán Luigi Guanella, quien al observar a las jóvenes que orientaban su deseo de consagrarse por completo a Dios, le nació la idea de crear una congregación. Clara continuó su preparación y, para servir mejor al prójimo, cursó la carrera magisterial. El padre Guanella le encomendó la formación de las primeras religiosas de las Hijas de Santa María de la Providencia (guanelianas), labor que cumplió más que satisfactoriamente; por ello, el presbítero le envió a fundar una casa del Instituto en la ciudad de Como. El entusiasmo y fervor con el que Clara asumió su misión, la caridad con la que emprendió obras a favor de la comunidad y de los necesitados, le hicieron merecedora del cariño y la admiración del pueblo. Sin embargo, debido al excesivo trabajo y a su frágil salud enfermó y fue trasladada a Pianillo, donde entregó su alma al Creador. Fue beatificada por san Juan Pablo II el 21 de abril de 1991.