MARTES 23
Blanco / Rojo Martes IV de Pascua o Memorias de san Jorge, mártir* o san Adalberto, obispo y mártir** MR, p. 369 (370) / Lecc. I, p. 903
Otros Santos; Beatas: María Gabriela Sagheddu, religiosa cisterciense; Elena Valentini, terciaria agustina; Teresa María de la Cruz, virgen fundadora.
BEATA MARÍA GABRIELA SAGHEDDU, ambos nombres del hebreo, Miryam, según diversos Padres de la Iglesia, «señora», «soberana», y «Dios es mi juramento», respectivamente (1914-1939). Religiosa cisterciense. Bautizada como María Sagheddu, nació en Dorgali, Cerdeña, Italia. Aún niña quedó huérfana de padre. Desde pequeña mostró su carácter formal y firme en sus decisiones; quienes la trataron afirman: «Obedecía refunfuñando, pero era dócil. Decía que no y, sin embargo, iba inmediatamente”. Como resultado de su acercamiento con Dios, a los 18 años adquirió un perfil pensativo y austero, dulce y reservado; crecieron en ella el espíritu de oración y la caridad; apareció una nueva sensibilidad eclesial y apostólica. Rechazó propuestas matrimoniales y se unió a la Acción Católica. Buscó la soledad y el silencio para orar, hasta definir su vocación e ingresar en la Orden Cisterciense en Grottaferrata en 1935. En la oración descubrió una fuente de gracias inagotables. Recibió el hábito de novicia en 1936, con el nombre de sor María Gabriela. Expresaba: «En la sencillez de mi corazón te ofrezco todo con alegría, Señor». Ofreció a Dios
las acciones del resto de su vida, para lograr unidad entre los cristianos. La Superiora hizo partícipe de esta ofrenda al pastor anglicano del templo cercano en 1938. No obstante gozar de excelente salud hasta entonces, Gabriela enfermó de una tisis pulmonar que la llevó a la tumba el domingo del Buen Pastor. Los protestantes acudieron a venerarla en su sepulcro y la llamaron «Apóstol de la unidad». Días después, el pastor anglicano envió el siguiente mensaje a la abadesa: «El sacrificio de Gabriela me mueve a una fidelidad mayor a Cristo y a una oración más íntima por la unión de todos los cristianos». Fue beatificada por san Juan Pablo II (1978-2005; 22 de octubre) en 1983.