Santoral 23 de Septiembre

SAN PÍO DE PIETRELCINA, presbítero, del latín, «piadoso» (1887-1968). Presbítero de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos. Nació en Pietrelcina, Italia, y fue bautizado con el nombre de Francisco, en honor al Seráfico, a quien fue consagrado. Desde 1872 experimentó una serie de fenómenos místicos, éxtasis, visiones de Jesús, María y del santo de Asís; pero también ataques físicos y espirituales infernales, éstos se prolongarían durante el resto de su vida. Hacia 1903 recibió en Morcone, Italia, el hábito de la Orden de Frailes Menores Capuchinos y cambió su nombre por el de Fray Pío; fue ordenado sacerdote en 1910. Después de servir en varios curatos, se le comisionó para la parroquia de Giovanni Rotondo, donde permanecería hasta su muerte. Fue un excelente y comprensivo confesor, guía espiritual y consejero de sus feligreses. Por horas permanecía en oración y en penitencia extrema. En 1910 recibió en su cuerpo los estigmas de la Pasión y se convirtió en el primer sacerdote de quien se tenga referencia de ser estigmatizado. Su extrema sencillez y humildad le hizo pedir a Dios que los estigmas permanecieran ocultos. Dios lo favoreció con los dones de conocimiento de las conciencias, bilocación (estar en dos sitios a la vez), realización de hechos milagrosos (taumaturgia) y transverberación del corazón (experiencia mística de sentir traspasado el corazón por fuego). Durante su existencia sufrió envidias, fue calumniado y objeto de burlas. Dejando ejemplar vida de sencillez y humildad murió en el citado convento. Fue canonizado en 2002 por el Papa san Juan Pablo II. Entre sus escritos dejó Piedras del edificio eterno, en el cual dice: «Toda alma destinada a la gloria eterna puede ser considerada una piedra constituida para levantar un edificio eterno. Al constructor que busca erigir una edificación le conviene ante todo pulir lo mejor posible las piedras que va a utilizar en la construcción. Lo consigue con el martillo y el cincel (…) El alma, si quiere reinar con Cristo en la gloria eterna, ha de ser pulida con golpes de martillo y cincel, que el Artífice divino usa para preparar las piedras, es decir, las almas elegidas. ¿Cuáles son estos golpes de martillo y cincel? (…) las oscuridades, los miedos, las tentaciones, las tristezas del espíritu y los miedos espirituales, que tienen un cierto olor a enfermedad, y las molestias del cuerpo».

Beatas: María Bernardina Jablonska, virgen cofundadora; Emilia Tavernier, religiosa y fundadora.