SAN FELIPE NERI, del griego, «aficionado a los caballos» (1515-1595). Presbítero y fundador. Nació en Florencia, Italia. Hacia 1533 viajó a Roma, donde durante dos años se dedicó al estudio y la oración, impartió catequesis a niños y adultos pobres y atendió enfermos en hospitales. Una noche, durante la vigilia de Pentecostés cuando oraba sintió que las costillas se le ensanchaban en el torso, era que su corazón crecía en amor a Dios. Esa experiencia mística le hará sentir de por vida estremecimiento y aun en invierno el calor le hacía colocar paños húmedos sobre su pecho. Ingresó al seminario y recibió el Orden sacerdotal en 1551. En 1575 fundó la Congregación del Oratorio (Congregatio Oratorii Sancti Philippi Nerii, C.O.), integrada por sacerdotes seculares que sin votos religiosos viven en comunidad unidos por el vínculo de la caridad y dedicados a la predicación y el confesionario. Fue un confesor comprensivo y justo, tuvo los dones de leer las conciencias, de consejo y de taumaturgia, asimismo experimentó éxtasis. Por medio de sus Sermones defendió a los animales y fustigó a quienes los maltrataban. Murió en Roma. Gregorio XV lo canonizó en 1622. San Juan Pablo II lo designó como «Profeta de la alegría». Se le considera Patrono de los educadores, de los humoristas y de la ciudad de Roma, Las personas con depresión le invocan; asimismo, acuden a su intercesión quienes son afectados por padecimientos reumáticos.
Santa María Ana de Jesús Paredes «La Azucena de Quito», virgen de la Tercera Orden Regular de San Francisco.
Beato Francisco Patrizi de Siena, presbítero de la Orden de los Siervos de María.