DOMINGO 30 Los Primeros santos mártires de la Iglesia Romana.
Domingo XIII del Tiempo Ordinario MR, p. 427 (423) / Lecc. II, p.128 LH, Semana I del Salterio
Otros santos: Raimundo Li Quanzhen y Pedro Li Quanhui, laicos mártires. Beatos: Basilio Velychkosky, obispo de la Iglesia Greco católica de Ucrania y mártir; Zenón Kovalyk, presbítero de la Congregación del Santísimo Redentor y mártir.
SANTOS RAIMUNDO LIQUANZHEN y PEDRO LI QUANHUI, del germánico, «la protección del consejo divino» y del arameo, «piedra», «roca» (1900). Laicos mártires. Hermanos carnales nacidos en Chentuncun, Hebeif, China. En el año de su martirio inició la rebelión de un grupo nacionalista xenofóbico chino conocido como los boxers, quienes emprendieron una campaña de terror contra los misioneros cristianos de las provincias del noreste. Al irrumpir el grupo rebelde a la ciudad de Chentuncun, para preservar su vida, ambos hermanos huyeron hacia un cañaveral; RAIMUNDO, quien vio la luz primera en 1841, era casado y entre sus hijos estaba un sacerdote, ante el peligro tomó a su pequeña hija y escapó. Fue descubierto y llevado -junto con la pequeña- a una pagoda para que adorasen a los dioses paganos; al negarse asesinaron a su hija en su presencia, como se mantenía firme en su fe lo mutilaron, le hicieron quemaduras y lo remataron a golpes de espada y de lanza. PEDRO, nació el año de 1837. Al ser capturado también fue llevado al templo pagano y exhortado a rendir culto las falsas deidades. Como se negó, lo llevaron a la casa de sus padres y frente a ellos lo inmolaron a lanzazos. Forman parte de los Mártires en China sacrificados por odio a la fe entre 1648 y 1930, grupo canonizado el l de octubre de 2000 por san Juan Pablo II.
LOS PRIMEROS SANTOS MÁRTIRES DE LA IGLESIA ROMANA. En esta fecha la Iglesia conmemora a los incontables primeros cristianos de Roma, que murieron martirizados en aras de la fe. El historiador romano pagano Tácito, en sus Annales, y el Pontífice san Clemente, en su Carta a los Corintios, dan cuenta de los muchos cristianos cruelmente torturados e inmolados en aras de la fe. No obstante, por las circunstancias en las que fueron sacrificados, sólo se llevó un registro exacto de nombres y fecha de deceso de los más conocidos, manteniéndose en el anonimato la inmensa mayoría. Emperadores como Nerón y, siglos después, Diocleciano pretendieron acabar con la doctrina de Jesucristo; pero: «…la sangre de los mártires es semilla de cristianos».