SÁBADO 30
SAN JERÓNIMO, presbítero y doctor de la Iglesia, el más célebre traductor de la Biblia de toda la historia. Forma parte del grupo de los Padres de la Iglesia latina al lado de San Agustín, San Ambrosio y San Gregorio.
BEATO FEDERICO ALBERT, del germánico, «poderoso en la paz» (1820-1876). Presbítero y fundador. Nació en Turín, Italia. Su padre era militar, por ello Federico, hacia 1835, decidió integrarse a la carrera de las armas. Sin embargo, un día estando en oración se percató de que su vocación era consagrarse a Dios. Ingresó en el seminario de su ciudad donde tuvo como compañeros a los hoy santos Benito Cottolengo (29 de abril), José Caffaso (23 de junio), Leonardo Murialdo (18 de mayo) y Juan Bosco (30 de enero), con este último llevó estrecha amistad el resto de su vida. Recibió el Orden sacerdotal en 1843. Fue nombrado predicador y director religioso de la Casa Real de Saboya, cargo al que renunció al promulgarse leyes que afectaban a la Iglesia. En 1852 se le designó vicario parroquial de Lanzo Torinese, lugar donde radicó hasta su muerte. Su arduo trabajo en beneficio espiritual y material de la feligresía convirtió a esta ciudad en el centro de las instituciones escolásticas y sociales de su región. El padre Albert estableció guarderías, orfanatos, casas de asistencia para jóvenes abandonadas, escuelas de idiomas, música y normales para la formación de maestros; al percatarse de la grave situación que sufría el sector campesino, organizó una «Colonia Agrícola». En 1869 fundó la Congregación de las Hermanas Vicentinas de María Inmaculada, hoy conocidas como «Monjas Albertinas». Al estar decorando su capilla cayó y sufrió heridas que le causaron la muerte. Fue elevado a los altares por san Juan Pablo II (1978-2005; 22 de octubre) en 1984.
Beata Felicia Meda, abadesa de la Orden de Santa Clara.