VIERNES 31
Fiesta de La Visitación de la Santísima Virgen María
Blanco MR, p. 752 (740) / Lecc. II, p. 1067
Otros santos: Noé Mawaggali, mártir ugandés. Beatos: Mariano de Roccacasale, Hermano laico profeso de la Orden de Frailes Menores; Nicolás Barré, presbítero y fundador; Jacobo Zhou Wen-Mo, presbítero y mártir.
Entre las fiestas de la Anunciación y el nacimiento de san Juan Bautista se celebra ésta, de la Visitación. Es la fiesta del encuentro de María con Isabel, y sobre todo, de una manera misteriosa, del encuentro de aquellos dos niños: el precursor y el Mesías, encerrados todavía en el seno de sus madres. Es una fiesta que estalla en alegría con el «Magníficat».
BEATO MARIANO DE ROCCACASALE, del latín Marianus, patronímico de Mario, nombre de una gens romana (1778-1866). Hermano laico profeso de la Orden de Frailes Menores. Domingo De Nicolantonio, su nombre de bautismo, nació en Roccacasale (L’ Aquila, Italia. Fue pastor hasta 1802, cuando ingresó en el convento de Arisquia, ahí tomó el nombre de fray Mariano de Roccacasale y desempeñó diversos oficios domésticos. En 1814 solicitó su traslado al Retiro romano de San Francisco en Bellegra, de intensa vida regular, austera y contemplativa. Durante cuatro décadas se desempeñó como portero. En su humilde labor atendió con paciencia a quienes visitaban el monasterio; los visitantes obtenían del humilde y paciente conserje palabras de aliento para sus penas, un sabio consejo para guiarse en su vida o en las difíciles situaciones que atravesaban y una sonrisa franca. La Hagiografía franciscana cita: «Su vida, tanto de seglar como de fraile, se puede resumir en dos palabras: oración y trabajo». Fue beatificado por san Juan Pablo II el 3 de octubre de 1999.
LA VISITACIÓN DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA. María, después del anuncio del arcángel Gabriel, visita a su prima Isabel, que es de edad avanzada, para auxiliarla en el momento de dar a luz y le comunica lo que Dios ha obrado en ella (Lc 1, 39
56). Tradiciones piadosas han ubicado el sitio de este encuentro y del canto del Magnificat en Aín-Karim (del hebreo, «fuente del viñedo»), población del actual Israel. Festividad instituida por Urbano VI en 1389. «En la Virgen María que va a visitar a su pariente Isabel reconocemos el ejemplo más límpido y el significado más verdadero de nuestro camino de creyentes y del camino de la Iglesia misma. La Iglesia, por su naturaleza, es misionera, está llamada a anunciar el Evangelio en todas partes y siempre, a transmitir la fe a todo hombre y mujer, y en toda cultura» (Benedicto XVI, 2010).