NUESTRA SEÑORA DE LA CONSOLACIÓN o VIRGEN DE LA CONSOLACIÓN, nombre místico, del latín, consolatio, «consuelo», «consolar, reconfortar» (S. XV). Advocación mariana. Esta devoción milenaria ha sido divulgada por la Familia Agustiniana, donde se le designa como Nuestra Señora de la Consolación y Correa, esto último con referencia al hábito agustino. Piadosas leyendas refieren que santa Mónica (27 de agosto), al sufrir inmensas angustias derivadas de la conducta desenfrenada de su hijo san Agustín (28 de agosto), de forma continua rogaba en sus oraciones por la redención de su hijo recordando los dolores sufridos por la Virgen María después de la crucifixión de Jesús y solicitaba su intercesión para que Agustín dejara su escandalosa existencia. La Santísima Virgen María atendió los ruegos de Mónica y se le manifestó ataviada con un vestido negro ceñido por una correa de igual color, diciéndole: «Mónica, hija mía, éste es el traje que vestí cuando estaba con los hombres después de la muerte de mi hijo. El mismo vestido llevaras tú en señal de tu devoción hacía mí». Tiempo después Agustín dejó su licenciosa vida, se convirtió hasta llegar a ser un gran santo y doctor de la Iglesia. Históricamente se tiene constancia que, en Bolonia, Italia, aparecen las primeras Cofradías de la Correa durante el siglo XV. En el siglo XVII, don Pedro de Aragón solicitó al Papa Clemente X que otorgara indulgencias para los miembros de la hermandad de los «cinturados» o «corrigiatos» -llamados así por ceñir la correa de san Agustín, característica de la Orden-, el Pontífice le indicó: «Tomad la correa de san Agustín y en ella las tenéis todas». En las letanías lauretanas, la Iglesia invoca a la Virgen María como consuelo de los que sufren. Iconografia: la Virgen María, sentada, lleva sobre sus piernas a Jesús Niño entregando la correa a san Agustín, mientras que su Hijo se la proporciona a santa Mónica.
Otros Santos: Beata María de Santa Cecilia Romana, monja de la Congregación de las Religiosas de Jesús y María.