LUNES 6
Blanco Feria, lunes VI de Pascua MR, p. 382 (383) / Lecc. I, p. 929
Otros santos: Lucio de Cirene, obispo, profeta y doctor de la Iglesia de Antioquía; Francisco de Montmorency-Laval, obispo y fundador. Beatas: Ana Rosa Gattorno, religiosa y fundadora; María Catalina Troiani, religiosa de la Tercera Orden Regular de San Francisco y fundadora.
BEATA ANA ROSA GATTORNO, del hebreo, «la benéfica», y del latín, «rosa» (1821-1900). Religiosa y fundadora. Nació en Génova, Italia, fue bautizada como Rosa María Benedetta. En 1852 contrajo matrimonio y se trasladó a la ciudad francesa de Marsella. En la ruina económica regresó a Génova, donde su hija Carlota quedó sordomuda. Enviudó en 1858 y, en ese mismo año, falleció su hijo. En 1862 recibió los Estigmas de la Pasión, los cuales permanecieron ocultos; en esta etapa escribió: «Me dediqué con mayor fervor a las obras piadosas y a frecuentar los hospitales y a los pobres enfermos a domicilio, socorriéndoles con cuanto podía y sirviéndoles en todo». En 1864 recibió la inspiración para formar una nueva congregación. En 1866 el beato Papa Pío IX (1846-1878; 7 de febrero), en audiencia privada, le exhortó a concretar la fundación de su Instituto, el cual llamó Hijas de Santa Ana (Figlie di Sant’Anna, F.S.A.). Emitió sus votos en 1870 y profesó como sor Ana Rosa, solicitando al padre Juan Tornatore que escribiera la Regla, por lo que a éste se le considera cofundador. La naciente hermandad se destinó a la atención y cuidado de enfermos, pobres, ancianos, huérfanos; asimismo, catequizó y atendió con especial interés a jóvenes, hombres y mujeres, quienes por su situación social, familiar o económica se encontraban en riesgo de caer en vicios o ser delincuentes. Ante todo, exhortó a sus religiosas a «Evangelizar con la vida». Estableció escuelas, jardines de niños y otros centros de atención y evangelización. El Instituto pronto se diseminó por toda Italia; en vida de la fundadora llegó a contar con 350 casas y más de cuatro mil hermanas. En 1878 las primeras Hijas de Santa Ana llegaron a Bolivia, después a Brasil, Chile, Perú, Eritrea, Francia y España. Afectada por una enfermedad, que se agravó por su intensa actividad, murió en la ciudad de Roma. Fue beatificada en el año 2000 por san Juan Pablo II (1978-2005; 22 de octubre).