Santoral 6 de Mayo

SANTO DOMINGO SAVIO, tuvo una vida muy sencilla, pero en poco tiempo recorrió un largo camino de santidad, obra maestra del Espíritu Santo y fruto de la pedagogía de san Juan Bosco.
Había nacido el 2 de abril de 1842 en San Giovanni di Riva (cerca de Chieri, provincia de Turín) en una familia pobre de bienes materiales, pero rica de fe. Su niñez quedó marcada por la primera comunión, hecha con fervor a los siete años, y se distingue por el cumplimiento del deber. A sus doce años tuvo lugar un acontecimiento decisivo: el encuentro con San Juan Bosco, que lo acoge, como padre y guía, en Valdocco (Turín) para cursar los estudios secundarios.

Al descubrir entonces los altos horizontes de su vida como hijo de Dios, apoyándose en su amistad con Jesús y María se lanza a la aventura de la santidad, entendida como entrega total a Dios por amor. Reza, pone empeño en los estudios, es el compañero más amable. Sensibilizado en el ideal del Da mihi ánimas de san Juan Bosco, quiere salvar el alma de todos y funda la compañía de la Inmaculada, de la que saldrán los mejores, de la que saldrán los mejores colaboradores del fundador de los salesianos. Habiendo enfermado de gravedad a los 14 años, regresa al hogar paterno de Mondonio (provincia de Asti), donde muere serenamente el 9 de marzo de 1857 con la alegría de ir al encuentro del Señor. Pío XII lo proclamó santo el 12 de junio de 1954.

BEATA ANA ROSA GATTORNO, del hebreo, «la benéfica», y del latín, «rosa» (1821-1900). Religiosa y fundadora. Nació en Génova, Italia, fue bautizada como Rosa María Benedetta. En 1852 contrajo matrimonio y se trasladó a la ciudad francesa de Marsella. En la ruina económica regresó a Génova, donde su hija Carlota quedó sordomuda. Enviudó en 1858 y, en ese mismo año, falleció su hijo. En 1862 recibió los Estigmas de la Pasión, los cuales permanecieron ocultos; en esta etapa escribió: «Me dediqué con mayor fervor a las obras piadosas y a frecuentar los hospitales y a los pobres enfermos a domicilio, socorriéndoles con cuanto podía y sirviéndoles en todo». En 1864 recibió la inspiración para formar una nueva congregación. En 1866 el beato Papa Pío IX (1846-1878; 7 de febrero), en audiencia privada, le exhortó a concretar la fundación de su Instituto, el cual llamó Hijas de Santa Ana (Figlie di Sant’Anna, F.S.A.). Emitió sus votos en 1870 y profesó como sor Ana Rosa, solicitando al padre Juan Tornatore que escribiera la Regla, por lo que a éste se le considera cofundador. La naciente hermandad se destinó a la atención y cuidado de enfermos, pobres, ancianos, huérfanos; asimismo, catequizó y atendió con especial interés a jóvenes, hombres y mujeres, quienes por su situación social, familiar o económica se encontraban en riesgo de caer en vicios o ser delincuentes. Ante todo, exhortó a sus religiosas a «Evangelizar con la vida». Estableció escuelas, jardines de niños y otros centros de atención y evangelización. El Instituto pronto se diseminó por toda Italia; en vida de la fundadora llegó a contar con 350 casas y más de cuatro mil hermanas. En 1878 las primeras Hijas de Santa Ana llegaron a Bolivia, después a Brasil, Chile, Perú, Eritrea, Francia y España. Afectada por una enfermedad, que se agravó por su intensa actividad, murió en la ciudad de Roma. Fue beatificada en el año 2000 por san Juan Pablo II (1978-2005; 22 de octubre).

Otros santos: Lucio de Cirene, obispo, profeta y doctor de la Iglesia de Antioquía; Francisco de Montmorency-Laval, obispo y fundador.

Beata María Catalina Troiani, religiosa de la Tercera Orden Regular de San Francisco y fundadora.